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Veto literario se adelantó a la estrategia del Congreso
El macrismo también analizaba la posibilidad de armar alguna estrategia para avanzar con la insistencia contra el veto. Ese procedimiento parece imposible hoy para la oposición, por lo menos en el Senado. Se necesita reunir los dos tercios de los votos en ambas cámaras para insistir con al sanción original, una realidad que debió sufrirla Carlos Menem durante su mandato. Hoy los bloques opositores no tienen ese número.
Ayer, el radical Ernesto Sanz atacó la decisión de Cristina de Kirchner, pero sin adelantar los pasos a seguir: «El veto desnuda la verdadera cara del kirchnerismo. Nunca fue un Gobierno progresista, sino un modelo de poder arbitrario, injusto e hipócrita», dijo.
Anoche se conoció el decreto de veto, el 1.482, con el que la Presidente vetó la Ley 26.649, tal el número que le había tocado a la norma que terminó de sancionar el Senado. Quedó claro que había sido elaborado mucho antes que Julio Cobos desempatara la votación del Senado a la madrugada: son 21 páginas de considerandos más la parte dispositiva que fueron redactados por Carlos Zannini y la propia Cristina de Kirchner.
Estrategia
Allí se explica que el 82% viola la Ley de Administración Financiera y de los Sistemas de Control del Sector Público, y que su promulgación «implicaría prácticamente la quiebra no sólo del sistema previsional argentino, sino del propio Estado». Es decir, la estrategia oficial estaba preparada inclusive cuando Miguel Pichetto continuaba aún con sus intentos por frenar la sesión.
Y, como otras disposiciones de la era Kirchner, entra en la categoría de los «decretos-relato»: «Al parecer se trata de una maniobra o ardid para obligar al veto de la norma, especulando sacar de allí algún mezquino rédito político, pues pareciera que sólo se puede avanzar en tal idea descontando que otro, con responsabilidad en el Gobierno de la cosa pública, pare tanto dislate», dice en los considerandos, con una prosa alejada de los formalismos legales.


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