28 de octubre 2014 - 00:00

Victorica, un artista sensitivo y dueño de un estilo único

Las pinturas y los dibujos de la exposición “Miguel Carlos Victorica, un príncipe en la República de la Boca” revelan pasión,  carácter emotivo y una urgencia que forma parte de sus trazos y configura su estilo.
Las pinturas y los dibujos de la exposición “Miguel Carlos Victorica, un príncipe en la República de la Boca” revelan pasión, carácter emotivo y una urgencia que forma parte de sus trazos y configura su estilo.
 El sol brillaba el jueves pasado sobre el Riachuelo, a pocos pasos de Caminito, pero la belleza del paisaje no alcanzaba a templar la cruda inclemencia que imponen a los visitantes el helado edificio del Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín y su gente. Las sonrisas que iluminaron el vernissage de la exposición "Miguel Carlos Victorica, un príncipe en la República de la Boca" se acabaron junto con el champagne y los discursos y quedaron petrificadas en Facebook. Los espectadores de las pinturas y dibujos, documentos y objetos personales de Victorica, deben subir al segundo piso del Museo, a la sala Alfredo Lázzari. Pero cuando se acercan al flamante ascensor, escuchan una potente voz de mando que ordena: "¡Por la escalera!". Al reclamar un catálogo, la respuesta es otro gruñido.

Vale la pena, sin embargo, subir para ver el mundo del sensitivo Victorica.

Nuestro artista nació en el año 1884 en un caserón de San Fernando. Su familia estaba integrada por militares que lucharon por la independencia, estadistas y científicos. Tenía apenas ocho años cuando le regalaron una caja de lápices de colores y 16 cuando ingresó en la Sociedad Estímulo de Bellas Artes. Allí sus maestros fueron Della Valle ("La cautiva"), Reinaldo Giúdice ("La sopa de los pobres") y De la Cárcova ("Sin pan y sin trabajo"). Los temas sociales de sus mentores no aparecen en las obras de Victorica, pero hay una pasión y un carácter emotivo, perceptibles en los ritmos de su pincelada. Cuando murió su padre, en el año 1911, Victorica viajó a París con su madre. De la Cárcova le consiguió una beca para estudiar con Désiré Lucas, estrictísimo profesor que le enseñó los secretos del desnudo y le impuso la copia de los grandes maestros en el Museo de Louvre. El temperamental artista no se plegaría a ningún estilo especial, aunque Giorgione, Tiziano y El Veronés ejercen su influencia. También en Europa comparte con Fray Guillermo Butler el interés por el arte religioso y juntos viajan a Suiza.

Al volver a Buenos Aires tomaría conciencia del gusto argentino. Manucho Mujica Láinez contaba que la pintura de Victorica sólo suscitaba indiferencia: "Lo que se usaba, lo que los burgueses compraban para mejorar -o empeorar sus casas- y sus departamentos, invadidos por un oleaje de curvas atroces, por el caracoleante art nouveau, no tenía nada que ver con lo suyo. Eran unos óleos lamidos, dulzones, convencionales, que alternaban, en las residencias más osadas, con ciertas tentativas de impresionismo trasnochado, estridentes u opacas, sin gusto".

Victorica contaba una anécdota que lo pinta de cuerpo entero. Dice que mientras tomaba el té con unas primas, descubrió un ramo de flores. Agrega que el deseo de pintarlas se tornó tan irrefrenable que, sin pensarlo, las sacó del florero y dejó un dinero a modo de pago, explicación y saludo. Recién advirtió la insensatez del gesto mientras pintaba las flores, sin siquiera sacarse el sombrero. Más allá de esta anécdota, las pinturas y los dibujos de Victorica revelan una urgencia que forma parte de sus trazos y configura su estilo.

Luego de la muerte de su madre decide irse a vivir a La Boca. Allí conoció la genuina aristocracia del arte y la sensibilidad de verdaderos príncipes como él. En unas pocas cuadras, en "un pequeño barrio medio genovés", como lo describe Amicis en "Corazón", vivieron Francisco Cafferata, los fundadores del Grupo boquense y El Bermellón, Victor Cúnsolo, Facio Hebequer, Victor Pisarro y Juan del Prete; luego, Quinquela Martín, Maresca, Lacámera, Vento, Isernia, Zonza Briano, Tiglio, Menghi y Daneri, consolidan este fenómeno de concentración artística. Casi todos estudiaron con el maestro Lazzari en la Academia Unión de La Boca.

Victorica reunió sus recuerdos más queridos y alquiló cuatro cuartos en la calle Pedro de Mendoza, dónde Quinquela supo tener un taller y donde Lacámera pintaba sus paisajes y bodegones metafísicos. "De entonces en adelante, andaría solo, entre gente extraña, a menudo inferior a él", señala Mujica Láinez y destaca lo que Victorica tuvo a la vez "de luminoso y oscuro, de ingenuo y de inquietante, de supersticioso y cristiano...".

En el año 1924 le otorgaron el tercer premio del Salón Nacional; en 1925 el segundo; en 1932 el primero; en 1941 el Gran Premio Adquisición por "Cocina bohemia" que hoy se encuentra en el Museo de Bellas Artes. La Asociación Amigos del Arte presentó en 1931 su primera muestra individual y sus pinturas comenzaron a exponerse en Francia, Italia, España y EE.UU., entre otros países.

A pesar de sus marcadas diferencias, Spilimbergo y Victorica se hicieron muy amigos. Ambos expusieron en 1950 en la galería Peuser y cuando un comprador ofreció una suma muy baja por una pintura de Victorica, Spilimbergo salió al cruce y ofreció comprarlo por un "precio justo".

En 1952 Victorica fue invitado a la Bienal de Venecia y regresó entonces a Europa. Al volver recaló de nuevo en La Boca. Ya enfermo, le restó importancia a sus dolores, pero visitaba más las iglesias, mandaba estampitas a sus amigos con mayor frecuencia y reunió en su cocina los versos de Miguel Ángel junto a sus oraciones. Victorica murió en 1955 y lo velaron en el Museo Quinquela Martín, donde hoy presentan la foto del féretro junto el retrato que pintó de su madre. Cuentan que esa noche sus amigos hicieron sonar la campana de la Vuelta de Rocha.

A esta altura del recorrido poco importa que la custodia de la muestra diga que no le gusta el arte, que por eso trabaja como "guardia" y, mucho menos, que mencione algunos autores de la marea de muestras mediocres que, por lo general, exhibe el Museo Quinquela.

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