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Villanueva y la muerte de sus pares en los medios
El eficaz planteo de la exposición “No hay futuro sin memoria” sacude el conformismo generalizado y descubre faltas graves. Para apreciar el trabajo de Villanueva, el espectador debe antes que nada aceptar que el artista lo informe.
Desde el punto de vista literario el material es homogéneo; desde el aspecto visual, la muestra carece de color y es uniforme. La sala de la galería está empapelada con las páginas de los diarios en blanco y negro llevadas a un gran formato. Luego, la selección de los medios de comunicación es un recorte caprichoso de Villanueva al igual que los artistas, todos son motivo de su interés, casi todos son figurativos y están presentes en el libro de José León Pagano "El arte de los argentinos".
"Estas noticias no sólo anuncian una muerte sino que condicionan el modo en que estos artistas son y serán recordados", subraya Villanueva. Su análisis comienza por el espacio le dedican los diarios mencionados a las noticias: "Sólo Berni, Forner, Soldi y Quinquela lograron la tapa. "'Murió Soldi' da por sentado que para ese entonces el artista ya había alcanzado un grado de popularidad y por lo tanto no era necesario siquiera mencionar su nombre".
El carácter de los escritos delata las cualidades que demanda el receptor de la cultura de masas: simplicidad y claridad en la estructura narrativa. No obstante, hay necrológicas donde la subordinación al lector masivo acarrea faltas tremendas, como la de ignorar el genuino currículum del muerto. A Domingo Pronsato, en detrimento de su condición de pintor, se lo menciona como ingeniero e investigador de la Patagonia. Pronsato fue en realidad un artista que buscó su inspiración en el Sur. Pío Collivadino apenas si merece unas líneas. Pero el desliz cometido cuando murió Norah Borges es el más significativo. Para referirse a ella dicen "la hermana de Borges", "la única hermana". Al pecado de omitir una formidable carrera artística que se extendió durante más de 80 largos años, se suma la improcedencia de un interrogante que acaso se consideró marketinero. "En 'Clarín' intentaban descifrar por qué su hermano no la incluyó en su testamento", relata el artista cuando menciona la condición inoportuna del mensaje. La foto muestra a "la hermana de Borges" en su peor momento.
El período que abarca la exhibición va desde el año 1943 hasta 1998, cuando muere Norah Borges. Todo un mundo queda a la vista en las paredes de la galería del Pasaje Bollini enteladas con arpillera. El solemne título de la muestra, "No hay futuro sin memoria", adquiere sentido al mirar la necrológica de Lino Enea Spilimbergo. Fue gracias a sus enseñanzas que, en la década del 30, los artistas de la Mutualidad de Rosario comenzaron a ejecutar sus pinturas sobre las bolsas de arpillera de los ingenios azucareros. Antonio Berni realizó entonces "Desocupados" y sus grandes obras con formato mural. La tradición de la arpillera se remonta desde esos años hasta fines de la década del 50, cuando surgió el movimiento informalista. El texto de Florencia Minici que acompaña la exhibición indaga un pasado en el cual "no se concebía la contemplación para el olvido. Justamente contemplar era un acto a futuro".
Por lo demás, sólo dos necrológicas están firmadas aunque, como se sabe, la firma de un personaje reconocido testimonia el interés de decir algo lúcido sobre aquel que ha muerto. Umberto Eco ya anunciaba en los años 60 la "ampliación del campo cultural", debido a que los mensajes tendían a simplificarse y se tornaban accesibles. Si bien existen lectores ávidos, capaces de valorar textos profundos, es innegable que con el afán de capturar al lector masivo se suele privilegiar la inmediatez, se desdeña la creatividad, aquello que pueda causar "molestias", se respeta lo que supuestamente- responde al gusto de las masas, sin tratar jamás de cambiarlo, aun corriendo el riesgo de caer en la superficialidad.
No obstante, la polémica en contra de los medios masivos, tendrían que retrotraer su protesta, según afirma Eco, "no a la primera emisión de la televisión, sino a la invención de la imprenta". ¿Guttemberg sería el culpable de los errores en la difusión del conocimiento? Para escapar del universo banal que muestra Villanueva, los propios medios contrataron a los especialistas y les brindaron espacios donde -con suerte- se percibe el vuelo del intelecto. Hoy, la crítica dedicada al arte ganó su lugar y las necrológicas comenzaron a ser más dignas, a pesar de que, más que el talento, se atiende todavía la relevancia pública del personaje.
El arte de Villanueva es conceptual, sin duda, pero su conceptualismo está cargado de pasión y ardorosos cuestionamientos. El artista resigna el color la forma y, sin embargo, la belleza está, llega arrastrada por la memoria. La muestra aviva el recuerdo de las pinturas legadas por nuestros artistas. Hay obras que están ausentes en las páginas de los diarios, pero son visiones que habitan el inconsciente estético del que mira.
El eficaz planteo de la exposición sacude el conformismo generalizado, descubre pecados que tienen mayores alcances y derivaciones que el olvido. Desde luego, para apreciar el trabajo de Villanueva, el espectador debe antes que nada disponerse a ver lo que no todos desean ver, debe aceptar que el artista lo informe.


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