La Segunda Guerra Mundial hace tiempo que ha quedado atrás, pero para Peter Winter sigue estando presente, necesita contar la historia de cómo se vio seducido por un hombre, como le fue infiel a su esposa durante unas semanas, por qué ella murió, y cómo le fue revelada una trama donde hay hijos despreciados y abandonados, seres neuróticos, psicópatas y paranoicos.
"Los dos hoteles Francfort" es una transformación en la narrativa de David Leavitt, considerado por algunos un emblema de la literatura gay, rótulo que él sostiene que dejó de existir hace años, y que fue una momentánea forma clasificatoria. En esta novela, si bien hay una aventura homosexual (que evita detalles), lo más interesante es cómo desvela los recovecos perversos que esconden algunas familias, los disfraces con que visten sus desequilibradas relaciones tanto los más cultos y glamurosos matrimonios como los más elementales y zafios con tal de no caer en una desesperante soledad.
Peter es un vendedor de autos de Indianápolis que se casa con Julia, una neoyorkina judía, divorciada, que lo único que desea es huir de Estados Unidos y poder ir a vivir a Francia. Peter logra que su hermano le consiga un puesto en una concesionaria Ford de París. Viven bien, han remodelado su casa, que hasta ha salido elogiada en "Vogue", pero los ejércitos de Hitler invaden Europa. A Julia las atrocidades del nazismo le imponen escapar, pero no quiere volver a Nueva York. En medio de la discusión sobre lo que tienen que hacer llegan a Lisboa, que el primer ministro fascista Antonio de Oliveira Salazar ha decidido mantener neutral. Es un buen negocio, la ciudad está invadida por espías, militares, refugiados de diversa procedencia, pero por lo general adinerados, y sobre todo, de estadounidenses, porque allí llegan los barcos que los devolverán a su país. Allí los Winter se relacionan en un bar, casualmente, con el escritor Edward Freleng y su mujer, Iris, una rica heredera, y su vieja fox terrier Daisy. Es un grupo de cuarentones que no tienen más que esperar a que llegue el barco salvador. Cada pareja vive en un hotel Francfort. En Lisboa hay dos, a pocas cuadras uno de otro, uno para los ricos, el otro para los que no lo son tanto. Peter concluirá su relato escribiendo: "Imagínese, huimos de los alemanes y acabamos en un hotel llamado Francfort".
Lo que se propone ser una novela histórica no es nada de eso. Es en todo caso una historia en cuatro etapas. Una comedia hollywoodense en blanco y negro de los años 40. Escrita en permanentes diálogos que hacen la lectura irrefrenable. Esa etapa concluye cuando el refinado escritor y el vendedor de autos escapan de sus esposas y tienen un primer encuentro sexual, con algo de "Secreto en la montaña" y de "Mientras Inglaterra duerme", su novela que fue denunciada por plagio de su autobiografía "Un mundo dentro del mundo" por el poeta Stephen Spender.
En la siguiente etapa los hombres logran estar seguido a solas, pero las distancias crecen. La afectación da lugar a momentos de incertidumbre y sordidez. El escritor no es el libertino que aparenta, o en todo caso lo es de otro modo. Su mujer está al corriente de todo. "Siempre creí que iba a caer en brazos de un joven apuesto y parece que lo que le resultaba irresistible era el tipo desmañado de un hombre común lleno de defectos". Iris y Edward tienen una complicidad que surgió en el momento en que se pusieron a escribir una novela policial con el nombre de Xavier Legrand. Un desafío en el que los metió un editor, que a su vez fue el primer protagonista de una serie de infidelidades aceptadas. Surgen las tensiones de las confesiones reveladoras al estilo de un policial. De pronto todo se transforma, se vuelve melodrama, descubrimiento de relaciones imprevistas y secretos inconfesables. En el capítulo final el relato muta. La novela entretenida se convierte inesperadamente en una novela interesante en la gran tradición de la indagación de las relaciones de pareja, a lo que suma el mostrar la banalidad en medio de una guerra atroz.
| Máximo Soto |



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