Ariel Ortega volvió por tercera vez a River, el lugar donde es más feliz. Se fue campeón y quiere volver a serlo.
Y un día volvió. Luego de tantas idas y vueltas, compromisos contractuales y un retiro no muy auspicioso del fútbol del ascenso, Ariel Ortega volvió a River.
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A las 8.15 de la mañana de ayer arribó al predio de Ezeiza, se cambió en seguida y se puso a las órdenes de Néstor Gorosito. Ya con la ropa del club, el Burrito cumplió con la primera práctica junto con el plantel profesional, luego de su opaco paso por Independiente Rivadavia de Mendoza, equipo en el que estuvo apenas 10 meses, sin demasiada trascendencia.
Muy feliz y notablemente cómodo, al retirarse de la práctica señaló que «River es mi casa y es donde me siento más feliz».
Ortega participó de la charla técnica junto con el resto del plantel profesional, trotó alrededor del campo de juego y realizó una serie de trabajos aeróbicos.
El jujeño se había entrenado por última vez el 29 de abril y su presencia fue la novedad sobresaliente en la práctica matutina del «Millo», ya que ni los propios jugadores millonarios sabían que comenzaría ayer.
«Mis compañeros me apoyan, y agradezco a ellos y al cuerpo técnico, quienes me recibieron muy bien», dijo entusiasmado el atacante en su primer contacto con la prensa.
Ortega había dejado River en agosto de 2008, tras sus reiterados problemas con la adicción al alcohol, para jugar durante 10 meses a préstamo en Independiente Rivadavia de Mendoza.
Si bien nadie lo oficializó, el jujeño cumpliría con una minipretemporada especial que le permita ponerse bien físicamente, y no viajaría a Canadá con el resto del plantel.
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