«Vos no te vas». La frase no salió ayer de Cristina de Kirchner, sino de su esposo, cuando Guillermo Moreno, el secretario de Comercio Interior, fue a presentarle la renuncia al cargo. Fue el paso previo a la reunión que mantuvo a solas el jefe real del INDEC con la Presidente cuando parte del Gobierno ya lo daba como ido de su cargo.
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De ese encuentro no quedaron registros (de hecho, el funcionario se fue inmediatamente de la Presidencia), pero poco después la propia Presidente les decía a sus íntimos que Moreno seguía en el cargo.
Expectativas
Tampoco quedó en el ambiente la seguridad de que el polémico secretario seguirá en el cargo por siempre. Todo lo contrario. En la intimidad kirchnerista existe una ley que acompaña al Gobierno desde 2003: al ex presidente no le gusta entregar más de una cabeza el mismo día y tampoco hacerlo bajo presión. De ahí que aunque la renuncia de Moreno perdió vuelo, la expectativa por alguna novedad la semana próxima quedó latente.
Todo se dio en medio del torbellino que fue ayer la Casa Rosada con la jura del nuevo ministro de Salud, Juan Manzur, y la fila de funcionarios que ponían a disposición de Cristina de Kirchner su salida del Gobierno.
Si falta algún ingrediente para confundir a las voluntades que merodeaban los pasillos de la Rosada, fue la confirmación de que la Presidente finalmente viajará a Honduras el viernes por la noche o el sábado a la mañana junto a Aníbal Fernández para participar de la misión de la OEA que intenta reinstaurar en el cargo al presidente Manuel Zelaya. Ese viaje fue suspendido ayer por pedido de la OEA mientras negocia un acuerdo con el Gobierno golpista que se niega a recibir en territorio hondureño a los mandatarios de la Argentina y Ecuador, y amenaza con arrestar a Zelaya.
Se supo que ahora se organiza un viaje que podría llegar primero a Managua, Nicaragua, y de allí hacer la travesía por tierra hasta Honduras, lo que complica aún más ese tránsito de Cristina de Kirchner que muchos consideran demasiado peligroso. Pero en medio de la crisis por la derrota en las elecciones y los cambios en el gabinete, esa travesía pareció seducir más que antes a la Presidente.
Todos los nombres del gabinete que estuvieron ayer en la danza de las renuncias coinciden con las áreas de gobierno más cuestionadas por la oposición. No sorprendió, entonces, que los primeros en poner la retirada a disposición de Cristina de Kirchner hayan sido Julio De Vido, Carlos Fernández, ministro de Economía, y Ricardo Jaime. Al primero, Cristina de Kirchner le rechazó la renuncia inmediatamente. Tardó un poco más con Carlos Fernández, quien debe partir hoy en misión a Chile y ayer apareció junto a la Presidente en la asunción de Manzur, pero finalmente también lo ratificó.
Bromas
En realidad, esa decisión no es ninguna garantía. Ayer Fernández debió soportar bromas en los pasillos de la Rosada: Ricardo López Murphy también se fue a Chile en misión oficial siendo ministro de Economía de Fernando de la Rúa y en medio del vuelo a Santiago perdió su cargo.
Con Jaime la situación fue distinta: «Su renuncia fue indeclinable y alegó un problema personal», se explicó ayer en Casa de Gobierno. Fue, quizás, la dosis máxima de renuncias que el orgullo kirchnerista pudo soportar en un día. Pero no alcanzó para calmar ni a la oposición, ni al propio frente interno que exige cambios en un gabinete ya inevitablemente debilitado.
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