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Vuelta al trabajo entre los escombros
Pero la falta de luz y de agua se hace sentir durante el día, y el sueño se altera y se llena de angustia cuando en medio de la madrugada una réplica inesperada desata un tembladeral.
«Ya no tenemos miedo, pero igual queda algún trauma. Y hay quienes andan inventando cosas; dijeron que había un tsunami en la costa, pero igual nos preocupa a todos», dijo Alfredo Gaete Tapia, un diariero de la ciudad de Talca, situada a 250 kilómetros de Santiago y capital de la región del Maule.
La gente le compra a Tapia de a dos o tres diarios juntos, por la necesidad de hacerse de noticias que escapen a los meros rumores.
Desde su esquina, Tapia goza de una visión privilegiada para evaluar la devastación: a sus espaldas se erige el tradicional colegio La Salle, que ocupa casi toda la manzana. Aunque gran parte de la estructura resistió el embate de las entrañas de la tierra, un ala del edificio se convirtió en escombros, ahora deben ser removidos por una pala mecánica.
Apenas cruzando la calle, el moderno Teatro Regional del Maule sobrevivió al temblor con apenas unos vidrios dañados en los pisos superiores. Hacia allí trasladaron sus actividades varias dependencias del Gobierno regional, que se mantiene a flote con el uso de computadoras portátiles y la ayuda de un generador eléctrico cuyo uso está racionado para ciertas horas del día.
«Estamos refugiados», resume con lenguaje de guerra el funcionario Héctor Rodríguez, mientras se organiza con sus colegas de la administración para instalar las computadoras y establecer las conexiones de internet, una tarea casi tan difícil como remover los escombros de los edificios derrumbados.
Aunque la mayor parte de la ciudad se mantiene orgullosamente en pie, casi ninguna de sus manzanas salió indemne. En todas se derrumbaron al menos una o dos casas antiguas, cuyas viejas estructuras no pudieron resistir la inusitada magnitud del sismo. También cayeron iglesias, una muralla de la cárcel y parte de la fachada del tribunal de Justicia.
En ésta y otras ciudades se dejan ver cuadrillas de operarios de los Gobiernos regionales, con sus cascos amarillos y sus chalecos fluorescentes, dando lo mejor de sí para restaurar cierta normalidad en calles y caminos. En los dos sentidos de la Panamericana circulan sin cesar los carros de bomberos y de otros servicios de rescate.
Nadie ahorra comentarios sobre la réplica de 5 grados que despertó a toda Talca a la una y media de la madrugada de ayer.
«Siempre es igual: primero se escucha el estruendo y después viene el temblor», dijo una de las camareras del hotel Diego de Almagro, un edificio que se puede sentir con suerte porque sus únicos padeceres fueron quedarse sin luz y sin agua. Pero el muro del estacionamiento adyacente, para no ser menos que otros, también se deshizo.
Ante la zozobra, los medios de comunicación -sobre todo las radios, utilísimas cuando no hay electricidad- solicitan que se done ropa, alimentos y trabajo voluntario para la remoción de escombros y la limpieza de escuelas cuyas clases empiezan el lunes.
Será la forma para los niños de volver a la normalidad.
Agencia AFP


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