8 de agosto 2013 - 00:00

Vuelve la era de la más aguda desconfianza

Washington - La decisión de Barack Obama de anular la cumbre con Vladimir Putin es una señal de frustración por el caso de Edward Snowden, pero sobre todo una muestra de que Washington perdió las ganas de avanzar en una relación cada vez más débil con Moscú.

Según expertos y analistas, era previsible que Obama respondiera a la concesión de asilo temporal de Rusia a Snowden, un exanalista de la CIA buscado por EE.UU., con la cancelación de la reunión bilateral que tenía previsto mantener con Putin después de la cumbre del G-20 en San Petersburgo (Rusia) en septiembre.

Pero, más allá de ser una mera represalia por el caso particular de Snowden, la medida "marca el fin formal de la política de reinicio ('reset') impulsada por el presidente Obama" hacia Rusia, dijo el director del Centro Carnegie Moscú, Dmitri Trenin.

"El caso de Edward Snowden no es la razón por la que se canceló la cumbre. Como mucho, es un pretexto", escribió ayer Trenin en la web del centro. "El fracaso a la hora de alcanzar cualquier progreso relacionado con Siria es un síntoma mucho más serio de lo que no funciona en las relaciones entre EE.UU. y Rusia. Pero la verdadera razón es la política interna estadounidense", añadió Trenin.

Cuando Obama llegó al poder en 2009, se propuso pulsar el botón de "reinicio" en una relación con Rusia que había tocado fondo, y encontró en el hoy expresidente Dmitri Mevdávev un aliado afín para esa tarea, en un período que dio frutos con la firma del nuevo tratado START de desarme nuclear.

No obstante, el regreso de Putin a la presidencia en 2012 dificultó la relación, particularmente ante las presiones en Estados Unidos para que Obama respondiera a la represión de la oposición rusa y los activistas de derechos humanos.

"Al adoptar medidas represivas en su país, Putin ha ido perdiendo atractivo como aliado internacional. Relacionarse con él es un lastre político en Estados Unidos", indicó Steven Pifer, experto en Rusia y EE.UU., en la página web del centro de estudios Brookings.

Esa menor afinidad coincide con que, a falta de poco más de tres años para abandonar el poder, Obama "necesita mucho menos a Moscú que hace cuatro años", según Pifer.

Al mandatario estadounidense le gustaría reducir en un tercio el límite de cabezas nucleares permitidas por el nuevo tratado START, pero Putin parece dispuesto a "vetar cualquier progreso en materia de control de armas", señaló el experto.

Tampoco parece haber avances en lo que respecta a Siria, tras varios meses de esfuerzos frustrados de EE.UU. y Rusia para convocar una conferencia en Ginebra que abra el camino a una transición en el país, y ante la negativa de Moscú de dejar de proporcionar ayuda militar al régimen de Bashar al Asad.

"Si Obama no ve perspectivas de que Rusia avance en ninguno de estos asuntos, el valor de acudir a la cumbre bilateral en San Petersburgo queda en tela de juicio", concluyó Pifer.

En esa decisión ha tenido un papel clave, según Trenin, la presión constante del Congreso de EE.UU. a Obama por su supuesta "suavidad" respecto de Rusia, que ha incluido peticiones de boicotear los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi (Rusia).

Según Trenin, la decisión "dejará huella en la relación" bilateral, ya que "la atmósfera se hará más pesada y la cooperación más difícil de obtener".

"El Kremlin interpretará probablemente la medida como una señal de la vulnerabilidad política de Obama y concluir que no puede hacerse demasiado con la actual administración. No habrá una crisis inminente, pero la relación no será productiva durante un buen tiempo", pronosticó.

En todo caso, el clima político en EE.UU. parece haberse rebelado contra Putin, al que el propio Obama culpó en una entrevista el martes de exhibir una mentalidad "propia de la Guerra Fría".

Un editorial publicado ayer en el diario The New York Times fue más allá, al considerar que la cumbre debía cancelarse porque sólo habría contribuido a "reforzar el capital político doméstico de Putin y su ya considerable autoestima".

Según Pifer, la anulación de la cumbre plantea, por encima de todo, una "interesante" pregunta: "¿Cómo afectará a la imagen de Putin como líder de una superpotencia que el presidente de EE.UU. empiece a verlo como irrelevante?".

Agencia EFE

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