16 de septiembre 2014 - 00:00

Vuelve todo el esplendor del arte religioso italiano

Como en la muestra anterior, la Virgen es la imagen difundida para presentar la exposición. En esta ocasión eligieron la Virgen orando de Sassoferrato (arriba). A la izq., Giovani Morello, presidente de Artifex Italia y curador de la muestra, y María Pimentel, directora de Artifex.
Como en la muestra anterior, la Virgen es la imagen difundida para presentar la exposición. En esta ocasión eligieron la Virgen orando de Sassoferrato (arriba). A la izq., Giovani Morello, presidente de Artifex Italia y curador de la muestra, y María Pimentel, directora de Artifex.
Han pasado dos años y el Museo Nacional de Arte Decorativo acaba de recibir la segunda edición de la muestra "Meraviglie dalle Marche". Allí, en el palacio Errázuriz, mientras los expertos sacan de las grandes cajas de madera los tesoros que llegaron de la región italiana poblada con gloriosas pinturas de Guido Reni, Lorenzo Lotto, Tiziano, el Perugino, Guercino, Federico Barocci, Crivelli, Baciccio, Sassoferrato, los montajistas cubren con 420 metros de seda roja las paredes (artificiales) donde ya cuelgan algunos de los cuadros que conquistarán a los espectadores, el sábado, cuando la exposición se abra al público.

El regreso del arte de Le Marche a la Argentina habla a las claras de los lazos que estrecharon ambos países y de una cultura afín. Los 100.000 espectadores convocados hace dos años, la visibilidad que adquirió entonces una región no tan conocida ni frecuentada como Roma, Florencia o Venecia, pero dueña de excepcionales colecciones de arte, suscitó el deseo de repetir la hazaña. Y las pinturas volvieron a cruzar el océano.

"A los factores sentimentales que despierta un país que albergó grandes masas migratorias, incluso de Le Marche, se sumaron los comerciales", observa María Pimentel, directora de Artifex, empresa con sede en Italia y la Argentina gestora de estos arribos. El patrocinio y la gira de 36 obras maestras lo decidió Gian Mario Spacca, presidente de Le Marche que asumió la mayor parte del gasto. "El arte de esta región del Adriático es un tesoro único, resguardado en ciudades medievales se salvó de engrosar los botines napoleónicos y de otros saqueos", observa Pimentel.

El curador de la muestra, Giovani Morello, presidente de Artifex Italia, agrega con orgullo: "Se puede afirmar, sin temor a ser desmentidos, que no existe centro pequeño o grande en toda la región Marche en donde no se guarden sigilosamente, en las iglesias, en los museos o en las casas privadas, importantes obras de arte, fruto del trabajo de grandes artistas nacidos o que trabajaron por largo tiempo en el territorio".

La exhibición respeta un orden cronológico y está centrada en el arte religioso, las imágenes de Jesucristo, la Virgen, los ángeles y los santos, son protagonistas estelares de un recorrido que se destaca por su esplendor. La muestra se inicia con "Cristo Juez", el fragmento de un fresco de Andrea da Bologna del siglo XIV, y se cierra con una pintura de Mariano Fortuny realizada a principios del siglo XX. Se trata de una rareza, Fortuny, hoy célebre por sus diseños de moda y su bello palacio veneciano, copió en formato breve la bóveda de la iglesia de Santa Maria de Nazareth de Venecia. Esta obra de arte, destruida por un bombardeo durante la Primera Guerra Mundial fue, acaso, según los curadores italianos, la primera pérdida por motivos bélicos.

El poder de convicción de las fascinantes representaciones de la divinidad y la santidad, conforman una estética deslumbrante. Las pinturas afirman el poder de la Iglesia. Allí están las expresiones del Renacimiento y el Barroco, el dramatismo de la escena de "San Miguel que expulsa a Lucifer" pintado por Lotto, la imagen del Papa Clemente XI de Ghezzi y la teatralidad de la "Muerte de San Francisco" de Baciccio. Entretanto, el inmenso atractivo visual de las obras, la intensidad de la mirada en la pintura de San Giácomo de Doménico Peruzzini, la "maravilla" de los rojos y los azules y la suntuosidad en los ropajes del "Matrimonio místico de Santa Catalina" de Ciro Ferri y la seducción de "Magdalena penitente" de Cantarini, ejercen un poder de encantamiento que se extiende a través de los siglos. Y cada cuadro relata su atrapante historia. Morello describe la batalla de San Miguel y Lucifer, y señala: "El arcángel con su armadura y su espada arroja hacia el precipicio infernal al ángel rebelde y rubio, representado aún con sus alas mientras se asoma entre las piernas la punta de una cola demoníaca".

Las fichas descriptivas de las obras permiten estudiarlas, analizarlas y conocer las restauraciones y el cuidado que hoy se les presta. Por su parte, el curador Stefano Papetti recorre los vaivenes de la historia de las colecciones y de personajes, como los duques de Urbino y tantos más que gestaron la riqueza de la Le Marche.

Como en la muestra anterior, la Virgen es la imagen difundida para presentar la exposición. En esta ocasión eligieron la Virgen orando de Sassoferrato, artista conocido como "el pintor de las Vírgenes". La obra reúne la pureza y una belleza y dulzura extraordinarias, al punto que una profunda espiritualidad parece emanar de ese rostro. La visión del conjunto de la muestra retrotrae a un tiempo donde el bien y el mal, el cielo y el infierno, la luz y la sombra, lo bello y lo feo, estaban explícitamente diferenciados.

En efecto, los temas profanos quiebran con fuerza el universo de la fe religiosa. Allí están: "La alegoría de la calumnia" de Succari, la esperpéntica "Nigromante" de Croselli y "La Maga" de Corrado Giaquiquinto, en medio de un arte que enfrenta al espectador con sus propias reflexiones.

Refiriéndose al magnetismo de algunas pinturas, Pimentel dice: "podemos mirarlas, podemos interrogarlas. Nos obligan a detenernos y entrar en su tiempo. En medio de la vorágine cotidiana, del caudal de información que nos invade, ellas nos obligan al silencio". Morello comparte este criterio y agrega: "Se trata del deseo de ofrecer a todos la belleza de la emoción y un momento de meditación personal, y más en la ciudad de origen de Papa Francisco, quien demuestra cotidianamente la sencillez y la claridad de su mensaje". En todo caso, ambos se refieren a la capacidad balsámica de determinado arte, capaz de suspender, aunque sea por unas horas, las dificultades y el vacío de la vida diaria.

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