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“Wakolda” se quedó con los principales Cóndor
Susana Giménez recibe en el Avenida el Cóndor de Plata, como homenaje a los 40 años de “La Mary”.
Primera emoción de la noche, la sorpresiva aparición de Estela de Carlotto en el escenario, que fue expresamente para agradecer la ayuda de la gente del espectáculo a su larga búsqueda. La acompañaban la actriz y el director de "Verdades verdaderas. La vida de Estela", es decir, Susú Pecoraro y Nicolás Gil Lavedra, a quien algunos confundieron con el nieto.
La siguiente, Sergio Renán acompañado por sus actrices de "La tregua", Ana María Picchio y Marilina Ross: "Siempre los premios a la trayectoria tienen un olorcito a despedida (...) pero a veces tengo un sueño con olor a próxima película". Y Adolfo Aristarain, reapareciendo en público a diez años de su última obra, preciso como buen fordiano: "sólo hice lo que pude, lo mejor que pude". Y Cipe Lincovsky, ovacionada de pie, en largo aplauso, quitándose los anteojos oscuros para abarcar a su público, diciendo con su voz imponente "gracias, gracias, sólo puedo decir gracias". La presentó Pepe Soriano: "una actriz, no una estrella".
Poco antes, Susana Giménez había estado en ese mismo escenario. Eugenio Zanetti se arrodilló para entregarle el mismo premio que a Cipe, ella se arrodilló para recibirlo, y luego, natural como siempre, recordó la gestación de "La Mary", pasó el chivo de su próximo reestreno, encantó a todos y señaló a su hija, nietos, familiares y amigos. Cuando se fue, cuatro palcos quedaron vacíos.
También hubo desquites. Cuando Victoria Carreras debutó en cine a los 14 años un crítico había dicho "Victoria Carreras es una amenaza, actúa igual que su madre". La noche del lunes, Victoria recibió el premio a mejor actriz de reparto por su caracterización de Isabelita en "Puerta de Hierro", y Mercedes el premio a la trayectoria, que, como alma gemela de Enrique Carreras, reseñó en tres etapas: "nuestro noviazgo fue al lado de una moviola, los primeros años de matrimonio los dedicamos a pagarle al banco, después vinieron los éxitos".
Otro desquite. "Cuando hice mi primer casting, a los 16 años, el director me interrogó y me dijo 'dedíquese a otra cosa'". Lo recordó Natalia Oreiro, al momento de alzar su segundo Cóndor consecutivo a la mejor actriz, el año pasado como la madre de armas llevar de "Infancia clandestina", ahora como la madre simultáneamente frágil y terca de "Wakolda", dos personajes de signo contrapuesto.
Algunas pifias: en sus títulos, Canal 7 rebautizó a Carla Quevedo como Clara, en el In Memoriam marcó a Alfredo Di Stefano sólo como futbolista, cuando la razón de estar allí eran sus protagónicos en cuatro películas, etc. Un consejo: "De Leonardo Da Vinci aprendí que hay que saber envejecer, y de Félix Daniel Frascara que diariamente hay que esforzarse en comprender". Lo dijo el octogenario periodista Pancho Loiacono, al agradecer con voz todavía firme su premio especial. Y un cronómetro: Lucrecia Cardozo, cabeza del Incaa, subió a dar su discurso acompañada por su hijo, que se ocupó de dar dos vueltas alrededor del estrado, pateándolo suavecito, y tirar del saco de la madre para avisarle que ya había hablado lo suficiente. Fue la que más rápido habló y más cosas dijo en menos tiempo.
En resumen:
"Wakolda", mejor film, dirección, adaptación (ambos, Lucía Puenzo), actriz Natalia Oreiro, actor de reparto Guillermo Pfening, revelación femenina, la niña Florencia Badó, fotografía Nicolás Puenzo.
"La reconstrucción", actor Diego Peretti, guión Juan Taratuto.
"Puerta de Hierro", actriz de reparto Victoria Carreras, dirección de arte Adela Maestri, vestuario Mercedes Vilariño.
"Metegol", montaje Juan José Campanella (el mismo), sonido José Luis Díaz, y premio Signis.
Los demás premios se repartieron entre "Por un tiempo" (opera prima), "La vida anterior" (músico Pablo Sala), "La chica del sur" y "Mercedes Sosa, la voz de Latinoamérica" (compartido, mejor documental), "María y el araña" y "De martes a martes".


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