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Wall Street: Papá Noel, al rescate
El pesimismo es dueño y señor de Wall Street. ¿Se podrá revertir con esta contraofensiva? Los inversores minoristas acumulan efectivo a cuatro manos. No se alejan sólo de los fondos comunes que invierten en acciones (con redenciones netas de cuotas parte por más de u$s 11.000 millones) sino de los que eligen bonos (hubo retiros por u$s 12.000 millones) o ambos (u$s 5.600 millones). Los casi u$s 29.000 millones que se escurrieron en la semana que finalizó el miércoles 16 constituyen la mayor fuga de recursos de los fondos comunes de inversión de EE.UU. desde junio de 2013 (cuando Ben Bernanke asustaba a los incautos desde la Fed avisándoles que la institución planeaba reducir las compras de bonos largos del programa de expansión cuantitativa QE3). Los inversores "amateurs" están asustados, y también los profesionales. El llamado "dinero inteligente" acumuló una relación de puts a calls -o sea, de opciones que permiten proteger una posición larga en acciones- que por primera vez en la historia se elevó por encima del ratio 3 a 1.
Brujerías aparte, para los que no creen en los Reyes Magos, ¿qué fue lo que pasó? Está claro que la suba de tasas de interés largamente anunciada que disparó Janet Yellen no produjo daño. Y sí descompresión. El alivio se notó en los precios de las materias primas, por segunda semana consecutiva. Si lo destacado fue el salto de los futuros ganaderos, lo más importante, por lejos, fue la resurrección de las cotizaciones del crudo (y de todo el complejo de energía). Verlos recuperar la vertical facilitó un dominó de reacciones favorables. No sólo Wall Street se animó a ir por más. Las Bolsas de los mercados emergentes ensayaron su propio avance, liderado por las compañías de energía y materias primas, y apuntalado por monedas locales más firmes. Que la Fed apretara el botón nuclear en una fase de descanso del "superdólar" -que se inició a principios de mes con la participación involuntaria de Mario Draghi y el BCE- contribuyó a despejar el camino de tensiones. No son pocos los que arriesgan la hipótesis de que quizás las economías emergentes ya vieron lo peor de la fuga de capitales especulativos después de lo que fue -a la espera de la decisión de la Fed- una prolongadísima agonía.
En la medida que las tasas largas en los EE.UU. se mantienen estables -dentro de un rango limitado- y que las tasas cortas se elevan, sin prisa pero sin pausa, en previsión de futuros aumentos en los fed funds, la curva de rendimientos continúa aplanándose. Y la lectura inevitable es que el proceso que aguarda en 2016 -en sus proyecciones, la Fed telegrafía cuatro subas individuales de un cuarto de punto cada una- no ofrece motivo para ensayar saltos bruscos. Una curva plana no es presagio de fogosidades.
¿Este es un rebote de gato muerto acaso? ¿Un truco de estación montado en una superstición infantil de renos y trineos, y el abatimiento de las ventas de acciones para tomar quebrantos impositivos, otra característica propia del fin de año? Con tantas acciones de energía y materias primas en rojo -con caídas mayores al 20%- la tentación de apostar por ellas en un momento estacionalmente propicio no debería sorprender a nadie. Para muchos "traders" ansiosos es el último vagón disponible para adecentar los números del año. Y si el rally gana tracción sumará nuevos pasajeros. En 2016 habrá que poner más elementos sobre la mesa para sostenerlo.

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