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Y Japón, a un paso de histórico giro
Yukio Hatoyama es el hombre que podría desalojar al Partido Liberal Demócrata, que lleva medio siglo gobernando. Hatoyama no tiene mucho carisma, pero intentó emular a Barack Obama durante la campaña.
Bajo su reinado, Japón pasó a ser la segunda economía del planeta. Pero hoy, con el trasfondo de la peor recesión del país desde la Segunda Guerra Mundial, los comicios se configuran como un cambio de régimen casi profético: de un unipartidismo conservador y viciado, a un sistema de turno en el poder, aun con todos los riesgos que la novedad implica.
Pero eso lo dirá el futuro. Por ahora, las encuestas dan por ganada la batalla a la oposición. Los tres diarios principales -Manichi, Nikkei y Yomiuri Shimbun- coinciden en que el Partido Democrático de Japón (PDJ) logrará al menos 300 de los 480 escaños, duplicando los actuales (112) y acercándose a la mayoría necesaria -dos tercios del Parlamento- para aprobar con holgura cualquier iniciativa legislativa.
El eterno dinosaurio político del PLD podría reducir su voz en dos tercios, de 300 a 100 escaños, mientras que su socio, el Nuevo Komeito, se arriesga a perder 31 parlamentarios.
Las elecciones a la Cámara alta, en 2007, ya fueron un barómetro importante de la caída en desgracia del PLD, que perdió la mayoría y se las ha tenido que ver desde entonces con el bloqueo a muchas de sus propuestas de ley.
Aun así, el derrumbe del coloso viene de largo: los dos predecesores inmediatos de Aso -Shinzo Abe y Yasuo Fukuda- duraron cerca de un año en el cargo y los votantes parecen dispuestos a castigar al partido por una larga cadena de escándalos -el más reciente y sonado lo protagonizó un ebrio ministro de Finanzas con sus declaraciones inconexas en una cumbre del G-8- y por una falta de creatividad en las soluciones que ofrece su programa.
Pero el voto al Partido Democrático también tiene mucho de censura personal al actual primer ministro, cuyas meteduras de pata dialécticas son motivo de chiste en las calles de Tokio. Aso no fue capaz de arrojar luz sobre el futuro del sistema de seguridad social, la gran preocupación de los electores. La segunda prioridad, según las encuestas, es la economía, que sólo en el segundo trimestre del año consiguió remontar más de un año de resultados negativos. Entre abril y junio, el segundo PBI del planeta creció un 0,9% interanual, pero el aumento del desempleo, que se achaca a las reformas lideradas por las últimas administraciones, se unió como lastre al envejecimiento de la población.
La hegemonía del PLD ya tuvo su paréntesis, en 1993, a manos de una coalición de siete partidos que resultó demasiado heterogénea e indómita. Pero la oposición llega ahora con algo más de empuje: frente a Aso emerge Yukio Hatoyama, un líder también corto de carisma, pero con toques de Obama (durante un debate televisado reciente enfatizó el mantra del change), que prometió entregar más dinero a los ciudadanos, no subir los impuestos y restaurar la confianza en el sistema de pensiones.


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