26 de noviembre 2014 - 00:00

“Yo no tenía familia y ahora tengo una diáspora en el mundo”

Dory Sontheimer: “Fui bautizada y crecí como católica. La noticia de que mi familia era de origen judío la recibí a los 18 años, cuando aún gobernaba Franco, y ser judía era un tema tabú”.
Dory Sontheimer: “Fui bautizada y crecí como católica. La noticia de que mi familia era de origen judío la recibí a los 18 años, cuando aún gobernaba Franco, y ser judía era un tema tabú”.
 "Tras la muerte de su madre, revisando el altillo de la casa, Dory Sontheimer encuentra siete cajas que le revelan una identidad y un pasado tan desconocido como dramático. Había sido una chica educada como una buena católica, apostólica, romana en un colegio de monjas alemanas. Se recibió de Licenciada en Farmacia. Se graduó en el Programa de Dirección General Empresaria del IESE Business School, y pasó a dirigir la empresa familiar. Alguna vez, al fin de la adolescencia, sus padres le comentaron sus orígenes judíos, pero ahora las cartas y documentos de esas cajas la ponían frente a un inmenso drama familiar que estaba sellado por el Holocausto. La investigación se convirtió luego de años en el libro "Las siete cajas", que publicó la catalana editorial Circe, y que se convirtió en best seller en España. En su breve visita a Buenos Aires a encontrarse con primos que desconocía y a investigar la historia de una empresa familiar de juguetes, nacida en Alemania y con sucursales en varios países de América Latina, dialogamos con Dory Sontheimer.

Periodista: ¿Qué le pasó cuando al abrir unas cajas olvidadas en el altillo el Holocausto le estalló en las manos?

Dory Sontheimer: Lo que jamás pude imaginar es lo que le había ocurrido a mi familia. Yo crecí y estudié en Barcelona. Primero en el colegio de las monjas católicas alemanas, luego en la universidad me hice profesional, licenciada en farmacia y óptica. Me casé, tuve hijos. Fui bautizada y crecí como católica. La noticia de que mi familia era de origen judío la recibí a los 18 años. Siempre ha imperado en mí más la ética y la moral que no la práctica de la religión. Pero de pronto, al encontrar siete cajas en el ático, descubrí lo que le había ocurrido a mi familia, y no pude dejar de extrapolarlo a lo que le ocurrió a miles de millares de familias en el centro de Europa. Supe revisando esos papeles de manera descarnada lo que el hombre puede hacer contra el hombre, la barbaridad que cometió Europa en el siglo XX. A los 18 años cuando mis padres me dicen con cierto sigilo que yo era judía eran tiempos donde aún gobernaba Franco, y ser judía era un tema tabú, y todavía existen cantidad de prejuicios. Mis padres pasaron mucho miedo, la Gestapo estaba en Barcelona. Por miedo, y por la precaución que me querían dar me dijeron: no se lo digas a nadie, no lo comentes, calla y no lo digas. Pero, al mismo tiempo en esas siete cajas guardaron todo, toda la documentación de lo padecido. Entre esos papeles, cartas, fotos, están las notas de Vicente Vía Ventalló, el cónsul de España en Marsella, que entregó a mis abuelos maternos. Ellos estaban en Francia. El 23 de octubre de 1940 unas 9.000 personas de la comunidad judía de la zona de Baden, según la orden del Oberführer de la Selva Negra, cumpliendo los mandatos del Tercer Reich, fueron deportadas al sur de la Francia de Vichy. Allí estuvieron arrestados durante dos años en campos de concentración, hasta que en agosto de 1942 todos los miembros de esa parte de mi familia fueron llevados a Auschwitz. De todo eso me fui enterando poco a poco.

P.: En su libro "Las siete cajas" usted realiza un interesante procedimiento literario, abre un diálogo con los documentos que va encontrando.

D.S.: La aparición de las cajas generó un punto de inflexión en mi vida. Han sido meses de lectura, de investigación, de identificación de caras y de nombres desconocidos para mí, de poderlos ubicar en mi árbol familiar, de conocer lo que sucedió y asimilar la verdad, superar los miedos y poderlo contar. A medida que iba leyendo las cartas me tuve que meter en la historia, contextualizar lo que se decía con lo que había ocurrido, contextualizar lo dicho con hechos históricos para que se entendiera lo que estaba ocurriendo. De pronto me tuve que meter con la literatura y con la historia, que hasta ahí no había sido lo mío. Sin que mis parientes dijeran nada en las cartas por la censura que había, uno se va dando cuenta lo que iba ocurriendo a través de los decretos nacionalsocialistas que se publicaban.

P.: Usted muestra cómo fueron imponiendo de forma programada prohibiciones.

D.S.: La exclusión de la comunidad judía fue una ratonera. Desde 1933. Con el ascenso de Hitler al poder, se fue paso por paso, todo estaba programado. Supieron hacer un marketing a la sociedad civil absolutamente fantástico desde el punto de vista de sus intenciones depredadoras. Decreto a decreto iban encerrando a la comunidad judía hasta llegar a los campos de exterminio en Polonia, en Auschwitz, Sobibor, Majdanek, y otros. Como estaban, por otra parte, los de Duchau, Bouchewald, Manthausen, y más.

P.: ¿Qué textos que encontró la impulsaron a escribir?

D.S.: Una carpeta donde había unas 300 cartas de mis abuelos maternos, de los que no sabía ni cómo se llamaban, jamás me habían hablado de ellos. Lo curioso era que mi abuela materna se escribía sobre todo con mi padre, a quien no conocía. Y mi padre guardaba copia de lo que le contestaba. Eso me permitió seguir la historia. Esas cartas van de antes de la deportación, que venían de Alemania con números de censura, a las de la deportación a los campos de concentración y de allí a los de exterminio. Fueron para mí una sorpresa, no conocía la cantidad de campos de concentración que había habido en Francia en tiempos de Vichy. Muchos republicanos españoles pasaron por allí. Mucho se ha sabido gracias a Jorge Semprún, y sus libros "El largo viaje", "La escritura o la vida", "Viviré con su nombre, morirá con el mío". Nos dio su terrible experiencia. Yo fui viviendo la atrocidad desde un abanico de dolorosas experiencias familiares.

P.: El recorrido dramático de las historias de su familia tiene algo de documental y de cinematográfico.

D.S.: Cada uno de los personajes de mi historia parecieran representar simbólicamente algo de lo que fue el siglo XX. Mis abuelos maternos deportados a Francia y luego exterminados. Al hermano de mi madre lo pudieron sacar de Alemania y llegó a los Estados Unidos a los 17 años, y cuando Estados Unidos entra en la guerra, él se hace soldado y desembarca con las tropas en Normandía. Mi abuelo paterno tenía la fábrica de juguetes con su apellido Lehman, que tuvo delegaciones en América Latina, entre otros lugares en la Argentina, debido a la enorme exportación lo hicieron cónsul alemán en Cuba. Pero poder salir de Alemania y llegar a Cuba fue una aventura cinematográfica. Mi abuela paterna, que era de Praga, estaba marcada por sus dramas. Eran nueve hermanos, siete mujeres y dos varones. Los hombres huyeron a Viena. Las mujeres estaban casadas con profesionales destacados, cuando el nazismo invade Checoslovaquia, mandan su hijos afuera, pero ellos se quedan allí. Pensaban que eso era algo temporario, era inimaginable lo que llegaron a hacer. La historia de cada uno de ellos es apasionante y dura. Fueron deportados todos a Theresienstadt, y de allí 20 miembros de la familia de mi abuela fueron llevados a campos de exterminio, cuatro se salvaron. Tengo cartas de todos esos desde ese campo de concentración, donde murió el poeta Robert Desnos, hasta el momento en que dicen que entraron en las listas de deportación. Cada uno merecería un libro que parecería una novela.

P.: ¿Cómo hizo para investigar, dado que siguió las cartas por los lugares que sus familiares mencionaban: Alemania, Israel, EE.UU., Argentina. Canadá y República Checa?

D.S.: Tuve la suerte de participar en el Programa Europeo para la Recuperación de la Memoria del Holocausto. En el programa "Europa con los Ciudadanos" eran socios El Museo Topográfico del Terror de Berlín, El Museo de la Shoa de París, y la Diputación de Barcelona, donde había historiadores y sociólogos. Eso me dio oportunidad de conocer documentación, hablar con historiadores, tener acceso a buscar los datos que precisaba. Luego empecé a visitar los lugares citados en un recorrido que me llevó por parientes, placas, museos, monumentos. Yo no tenía familia y ahora tengo una diáspora en el mundo. Aquí en, la Argentina, tengo primos, descendientes por vía materna. Y estuvo la delegación de Juguetes Lehman. En 1938 Lehman tuvo que ser vendida a une empresa alemana. En España sigue el edificio, pero la empresa pasó a otras manos. Y aquí no sé qué pasó, otra investigación para realizar. Mis hijos encontraron en Buenos Aires tazas de porcelana de la fábrica Lehman.

P.: Después de "Las Siete Cajas", y tantas investigaciones y recorridos, el haber participado del proyecto "Perseguidos y Salvados, la huida de refugiados judíos y aliados durante la Segunda Guerra Mundial a través de los Pirineos", ¿sobre qué piensa escribir?

D.S.: Me interesa el tema de la empresa Lehman que vincula Alemania, Barcelona, Buenos Aires. Unos amigos me regalaron una muñeca fabricada en 1934 con la cabeza de porcelana de Lehman, y eso irrumpió en mi imaginación. Me gustaría contar lo que pienso que vivió esa muñeca.

Entrevista de Máximo Soto

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