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Zarzuela para el calor de enero
El comienzo trae una evocación de las tertulias del legendario Teatro Apolo de Madrid de las primeras décadas del siglo XX y luego un conjunto de actores y mimos enhebran los distintos cuadros con pequeñas acciones introductorias. Trozos de «La Revoltosa», «Las Leandras», «La del manojo de rosas», «La corte del faraón», «El último romántico», «La del soto del parral», «El barberillo de Lavapiés» y «Luisa Fernanda» entre otras zarzuelas, bailes como el de «La boda de Luis Alonso», pasacalles, preludios e intermedios de firmas tan nobles como las de Jerónimo Jiménez, Francisco Alonso, Federico Moreno Torroba, Pablo Sorozábal, Reveriano Sotullo y Juan Vert y Ruperto Chapí se suman a lo largo del espectáculo. Apoyados en la tecnología del siglo XXI, los artistas de «Avenida España» cantan y bailan con pistas sonoras pregrabadas y utilizan sin excepción la amplificación de sus voces, lo que difiere de las antiguas expresiones que confiaban en las cualidades (o no) de la voz humana y de los instrumentos en vivo (a veces terriblemente desafinados).
Así todo se oye mejor y a pesar de algún percance, la sangre no llega al río. Alejandro Cuesta, cabeza de compañía, asume varios papeles: capocómico, cantante, iluminador y director que ajusta todos los detalles para que los cuadros tengan buen gusto, ritmo y calidad visual. José Terceiro y Eugenia Montes bailan bien, como lo vienen haciendo desde hace mucho tiempo. Adriana Rolla, Gustavo Torella y Guadalupe Maiorino (muy bien su «Canción de la paloma») tienen gracia y voces adecuadas para el género y la compañía se luce en cuadros colectivos como el de la Mazurca de las sombrillas, uno de los segmentos más aplaudidos de esta cabalgata.


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