Un equipo científico argentino busca desarrollar una alternativa al uso de cianuro en la galvanoplastia, uno de los procesos más utilizados por distintas industrias para recubrir piezas metálicas. El proyecto, desarrollado en el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología de Pinturas y Recubrimientos (CIDEPINT), dependiente del CONICET, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA), apunta a obtener un procedimiento más seguro y con potencial aplicación industrial.
Científicos del Conicet buscan reemplazar el cianuro en el proceso clave para recubrir metales
Un equipo del CONICET, la CICPBA y la Universidad Nacional de La Plata trabaja en una alternativa para eliminar el cianuro de la galvanoplastia. El proyecto ya logró resultados positivos con un nuevo proceso basado en glutamato y ahora busca resolver un problema de adherencia en acero inoxidable.
-
Recursos naturales: cómo convertir la riqueza minera en un legado para las próximas generaciones
-
Combustibles: YPF ajusta sus precios tras el salto del petróleo por encima de los u$s100
Investigadores del CIDEPINT trabajan en un proceso de cobreado sin cianuro que busca mejorar la seguridad y reducir el impacto ambiental de la galvanoplastia.
La investigación recibió en diciembre de 2025 el financiamiento de la cuarta edición del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA), a partir del proyecto “Cobreado sin cianuro: mejor adherencia”. Los fondos permitieron adquirir recientemente un nuevo equipo electroquímico que permitirá profundizar los estudios y acelerar la búsqueda de una solución al principal problema que encontraron durante los ensayos: lograr que el recubrimiento de cobre mantenga una adherencia adecuada sobre distintos tipos de metales.
El objetivo tiene además una dimensión ambiental y de seguridad industrial. El 27 de septiembre se conmemoró en el país el Día Nacional de la Conciencia Ambiental, establecido en homenaje a la tragedia ocurrida en 1993 en Avellaneda, Buenos Aires, cuando siete personas murieron tras inhalar ácido cianhídrico generado por el vertido de sales de cianuro en la red cloacal.
El episodio puso en evidencia los riesgos asociados con una sustancia que, bajo determinadas condiciones, puede liberar un gas extremadamente tóxico. Tres décadas después, investigadores argentinos trabajan precisamente sobre una de las aplicaciones industriales en las que el cianuro continúa siendo utilizado por sus propiedades químicas.
Qué es la galvanoplastia y por qué se usa cianuro
La galvanoplastia, también denominada electrodeposición, es un proceso electroquímico mediante el cual una pieza metálica recibe una fina capa de otro metal. El objetivo es modificar sus propiedades, principalmente para mejorar su resistencia al desgaste o a la corrosión, aunque también puede utilizarse con fines estéticos.
El procedimiento tiene aplicaciones en sectores tan diversos como la fabricación de griferías, joyería, piezas mecánicas y componentes electrónicos. Uno de los metales utilizados para el recubrimiento es el cobre.
El problema aparece en determinadas etapas del proceso tradicional, donde se emplean baños que contienen cianuro debido a su capacidad para favorecer una adecuada adherencia del recubrimiento. “El problema es que puede acidificarse si se mezcla con soluciones de otros procesos, y entonces desprende este vapor extremadamente venenoso llamado ácido cianhídrico”, explicó Walter Egli, investigador de la CICPBA en el CIDEPINT y responsable del proyecto.
Los baños de cianuro son altamente alcalinos y, mientras se mantiene estable su nivel de pH, presentan determinadas condiciones de seguridad. Pero una modificación de ese equilibrio puede generar ácido cianhídrico, un compuesto capaz de bloquear la respiración celular.
Por esa razón, el manejo de estas soluciones exige medidas de seguridad y controles sobre las descargas, particularmente en relación con los límites establecidos para residuos peligrosos. Para los investigadores, estas exigencias representan un desafío adicional para los establecimientos de menor escala.
“La búsqueda de alternativas a este químico es una necesidad de muchas industrias a nivel mundial, porque no es tan fácil encontrar un reemplazo que sea igual de efectivo pero inocuo para la salud”, señaló Egli.
Del cianuro al glutamato
El equipo del CIDEPINT comenzó a trabajar con glutamato monosódico, una sal ampliamente utilizada como aditivo en la industria alimentaria. A partir de este compuesto desarrolló un nuevo proceso denominado CuGlu, que permitió obtener resultados positivos en los primeros ensayos de laboratorio.
Las pruebas se realizaron inicialmente sobre piezas de acero estándar, entre ellas tornillos, tuercas y arandelas. El proceso de cobreado mostró un buen comportamiento en diferentes escalas y abrió la posibilidad de avanzar hacia otros materiales. La investigación continuó luego sobre piezas fabricadas con zamak y latón, dos materiales utilizados en diferentes aplicaciones industriales. Allí surgieron los primeros problemas de adherencia.
El trabajo conjunto con investigadores del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA), dependiente del CONICET y la UNLP, permitió estudiar y solucionar esas primeras dificultades. Sin embargo, el problema más complejo apareció posteriormente al aplicar CuGlu sobre acero inoxidable.
Los investigadores utilizaron cilindros con superficie espejada empleados en la industria gráfica. En esos ensayos, el cobre se desprendía cuando las piezas eran sometidas a cambios bruscos de temperatura para evaluar la calidad de la unión entre los dos metales. “No podíamos seguir avanzando si no nos asegurábamos de que el proceso funcionara bien en todos los sustratos, así que en este punto comenzamos a estudiar este desperfecto para poder solucionarlo”, explicó Egli.
Ese inconveniente llevó al equipo a concentrar buena parte de la investigación actual en comprender qué ocurre exactamente en la interfase entre el sustrato metálico y el recubrimiento.
Un nuevo equipo para estudiar la falla
Los investigadores avanzaron por dos caminos diferentes. Uno consistió en incorporar una fina capa de estaño entre el material que se busca recubrir y el cobre.
El estaño presenta una elevada resistencia a la corrosión y permitió mejorar de manera significativa la adherencia. Sin embargo, para los científicos no constituye todavía la solución definitiva porque agrega una etapa adicional al procedimiento.
“Sabemos que la adherencia en este caso es muy efectiva, pero no es lo ideal, ya que estamos agregando un paso más al proceso y el objetivo es justamente economizar y simplificar la técnica”, remarcó Egli.
La segunda línea de trabajo recibió un impulso decisivo a través del financiamiento del FITBA. Con esos recursos, el CIDEPINT adquirió un electrodo rotante de disco-anillo, que se incorporó a un equipo electrónico denominado bipotenciostato que el laboratorio había adquirido años atrás.
La combinación de ambos instrumentos permitirá realizar estudios electroquímicos más detallados y analizar con mayor precisión las reacciones que se producen durante el proceso de electrodeposición. El nuevo equipo llegó recientemente desde Países Bajos y los investigadores ya trabajan en su puesta en funcionamiento.
La clave está en la interfase
La incorporación del nuevo instrumental permitirá profundizar estudios que el equipo ya había realizado en colaboración con el INIFTA. En aquellos trabajos, los científicos analizaron las fallas de adherencia que habían aparecido en piezas de zamak y latón tratadas mediante CuGlu.
“En esas evaluaciones observamos que en las curvas de corriente versus potencial aparecía un registro que podría indicar la formación de un óxido sobre el sustrato, y que debilitaba la unión con el recubrimiento”, explicó Paola Pary, investigadora del CONICET en el CIDEPINT.
El nuevo instrumento permitirá realizar evaluaciones sistemáticas, modificar variables de operación y reducir los tiempos necesarios para obtener resultados. “El equipo adquirido tiene un sistema de avanzada compatible con los softwares instalados en nuestro laboratorio, y que nos va a permitir completar estudios sistemáticos modificando variables de operación y reduciendo los tiempos”, detalló Pary.
La nueva tecnología también permitirá evitar el traslado de los electrolitos líquidos entre distintos espacios de investigación, una cuestión relevante para acelerar y hacer más eficiente el trabajo experimental.
El objetivo es determinar qué sucede exactamente en la superficie del material durante el proceso y encontrar las condiciones que permitan que el cobre se adhiera de manera estable sin necesidad de recurrir al cianuro.
Un desafío para la industria
El desarrollo de CuGlu podría tener impacto particularmente en las pequeñas empresas y talleres dedicados al tratamiento y acabado de superficies metálicas.
El problema no radica solamente en reemplazar químicamente un compuesto por otro. También es necesario desarrollar un procedimiento que pueda ser implementado de manera práctica, segura y económicamente viable por las empresas.
“Especialmente en el caso de los talleres artesanales que no tienen la posibilidad de medir y controlar todos los parámetros que se requieren para trabajar con cianuro”, señaló Egli.
El proyecto ya tuvo una primera instancia de validación fuera del laboratorio. Una empresa dedicada al tratamiento y acabado de superficies participa como adoptante de los desarrollos alcanzados y permitió realizar pruebas del nuevo proceso en condiciones vinculadas con la actividad industrial.
La experiencia resulta relevante porque uno de los principales desafíos de cualquier sustitución tecnológica es trasladar los resultados obtenidos en condiciones controladas de laboratorio a procesos productivos reales.
Por qué el cianuro todavía sigue presente
A pesar de las exigencias regulatorias y ambientales, el cianuro continúa formando parte de procesos de galvanoplastia en Argentina y en otros países.
La explicación, según los investigadores, está relacionada con el comportamiento probado de estas tecnologías y con la dificultad de modificar procesos industriales utilizados durante décadas. “Son procedimientos robustos que están establecidos desde hace muchos años y es difícil lograr un cambio radical respecto de su uso”, explicó Pablo Seré, profesional de la CICPBA en el CIDEPINT.
Por eso, la investigación no apunta únicamente a demostrar que existe una alternativa química al cianuro, sino a conseguir que esa alternativa pueda alcanzar un desempeño comparable en diferentes materiales y condiciones de trabajo.
El desafío es particularmente complejo porque una pieza puede estar fabricada con distintos tipos de acero o aleaciones y cada superficie puede presentar un comportamiento diferente frente al proceso de electrodeposición.
Una tecnología que busca llegar a la industria
Hasta ahora, el proceso CuGlu mostró resultados favorables en distintos materiales y permitió identificar con precisión algunos de los obstáculos que todavía deben resolverse.
El trabajo sobre acero inoxidable constituye actualmente uno de los principales focos de la investigación. La incorporación del nuevo instrumental adquirido mediante el FITBA permitirá estudiar en profundidad las reacciones electroquímicas involucradas y determinar cómo mejorar la adherencia del cobre.
El desafío excede al laboratorio. Una alternativa que permita reducir o eliminar el uso de cianuro en galvanoplastia podría facilitar el cumplimiento de las exigencias ambientales y de seguridad, especialmente para establecimientos pequeños que enfrentan mayores dificultades para controlar todas las variables del proceso.
Para los investigadores del CIDEPINT, el alcance potencial del desarrollo es amplio porque el problema no se limita a una empresa o a un mercado específico. “El desafío que tenemos por delante es muy grande debido al alcance que tiene el problema: el logro de nuestro objetivo supondría una solución original a una cuestión que afecta seriamente la productividad a nivel mundial”, concluyeron los especialistas.







