El proyecto petrolero Sea Lion, que impulsan la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration al norte de las Islas Malvinas, podría generar un impacto económico acumulado superior a u$s10.900 millones durante aproximadamente tres décadas y modificar sustancialmente la estructura productiva, fiscal y demográfica del archipiélago, según un estudio encargado por la propia Navitas y subido a su página institucional.
El plan de Navitas y Rockhopper para explotar petróleo en Malvinas: las proyecciones sobre Sea Lion y el impacto en las islas
Un informe de impacto económico proyecta que las fases 1 y 2 de Sea Lion podrían sumar unos u$s10.942 millones al PBI de las islas durante su vida útil y aportar cerca de u$s4.869 millones a la administración isleña. Las cifras dimensionan la escala económica del desarrollo que quedó en el centro de la disputa luego de que Javier Milei anunciara nuevas sanciones contra las empresas que exploten recursos en el archipiélago sin autorización argentina.
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El estudio fue encargado por Navitas y utiliza como insumos centrales las estimaciones de producción, costos, empleo y necesidades de infraestructura proporcionadas por la empresa, además de información de la administración de las islas.
Las proyecciones surgen del Economic Impact Assessment of the Sea Lion Northern Development Area Phase 1 and 2 Project, elaborado por la consultora Hatch en abril de 2025. El documento analiza los efectos que tendría el desarrollo sobre el PBI de las islas ocupadas ilegalmente por Reino Unido, la recaudación, el empleo, la migración, la vivienda y la infraestructura.
El informe cobra nueva relevancia después de que el presidente Javier Milei anunciara este jueves una serie de medidas destinadas a endurecer las sanciones sobre las compañías que participen, directa o indirectamente, en la explotación de hidrocarburos y otros recursos naturales en Malvinas sin autorización argentina. El mandatario anticipó además una reforma de la Ley 26.659, la creación de un Consejo de Seguridad Nacional y una ampliación de recursos para la Base Naval Integrada de Ushuaia.
Sea Lion podría generar un impacto de casi u$s11.000 millones
La dimensión del proyecto queda expuesta al comparar las estimaciones de Hatch con el tamaño actual de la economía de las islas. El informe toma como punto de partida un PBI de alrededor de u$s379 millones en 2023.
Sobre esa base, calcula que las fases 1 y 2 de Sea Lion podrían producir un incremento acumulado del PBI equivalente a unos u$s10.942 millones durante la vida del desarrollo. El promedio alcanzaría aproximadamente u$s342 millones adicionales por año, una cifra cercana al tamaño completo de la economía isleña utilizada como referencia por el estudio.
El efecto sería todavía mayor durante los primeros años de producción. Hatch calcula que en el momento de máximo impacto Sea Lion podría agregar alrededor de u$s1.090 millones al PBI en un solo año, equivalente a aproximadamente 290% del producto de referencia utilizado para realizar las proyecciones.
El salto responde principalmente a las ganancias generadas por la producción petrolera, que el modelo incorpora como valor agregado directo de la actividad hidrocarburífera.
Sin embargo, el propio informe introduce una distinción relevante. El aumento del PBI no significaría que todo ese dinero permanezca en las islas. Parte de las ganancias de las petroleras sería repatriada hacia sus países de origen, mientras que una porción de los trabajadores especializados provendría del exterior y también podría enviar parte de sus ingresos fuera del territorio.
La magnitud se explica también por el reducido tamaño y la alta concentración de la economía local. En 2023, la pesca y la acuicultura representaron el 58,6% de la actividad, con un valor agregado equivalente actualmente a unos u$s222 millones. El petróleo y gas, en cambio, todavía tenían una incidencia muy limitada.
La entrada en producción de Sea Lion modificaría esa composición y convertiría a los hidrocarburos en una de las principales fuentes de actividad económica.
Casi u$s4.900 millones para la administración de las islas
El segundo impacto central está en los ingresos fiscales. Hatch calcula que los impuestos y regalías provenientes de las fases 1 y 2 de Sea Lion podrían aportar alrededor de u$s4.869 millones acumulados a la administración isleña durante el período analizado.
El promedio sería cercano a u$s147 millones por año, aunque con una fuerte concentración durante los primeros años de mayor producción. Más de la mitad del total provendría del impuesto corporativo pagado por las compañías y el resto principalmente de las regalías petroleras.
El modelo utiliza una regalía de 9% sobre la producción y contempla las alícuotas vigentes del impuesto corporativo en las islas, que van del 21% al 26% según el nivel de beneficios.
Las cifras son consistentes con las estimaciones que maneja la propia administración isleña. Un documento financiero difundido recientemente calcula que Sea Lion podría aportar alrededor de u$s2.000 millones solamente en regalías durante 30 años. Las autoridades prevén crear en 2029 un Fondo Soberano de Riqueza para comenzar a administrar esos ingresos desde 2030.
El fondo tendría como finalidad administrar e invertir tanto los ingresos por regalías como los provenientes de impuestos directos a las empresas petroleras.
La comparación vuelve a mostrar la dimensión del cambio. El informe de Hatch señala que los ingresos totales de la administración de las islas fueron de aproximadamente u$s162 millones en el ejercicio 2023/2024. El promedio anual calculado para Sea Lion por impuestos y regalías sería, por sí solo, de una magnitud similar.
Empleo: hasta 280 puestos adicionales y fuerte necesidad de trabajadores extranjeros
El impacto no se limitaría al petróleo y a las cuentas públicas. Hatch prevé una modificación importante del mercado laboral de las islas, cuya escala también es reducida.
El estudio contabiliza empleo directamente relacionado con Navitas, contratistas y proveedores, puestos inducidos por el incremento del gasto de los trabajadores, empleos adicionales en servicios públicos y puestos vinculados con las nuevas obras de infraestructura.
Sumando todas esas categorías, el proyecto podría alcanzar un máximo de aproximadamente 280 empleos equivalentes a tiempo completo en 2027. Durante buena parte de las etapas de construcción y perforación se mantendría cerca de los 250 puestos, mientras que en la fase de producción estable el impacto se reduciría hasta alrededor de 170 empleos anuales.
La dimensión resulta significativa frente al mercado de trabajo existente. El censo utilizado por Hatch registraba unas 1.881 personas de entre 15 y 64 años empleadas en 2021, además de otros 106 trabajadores de mayor edad.
Sólo los puestos directos e indirectos en tierra promediarían unos 120 empleos por año entre 2025 y 2057, divididos aproximadamente entre 60 directos y otros 60 indirectos.
Durante la segunda etapa de perforación, ese número podría subir hasta aproximadamente 100 puestos directos y 80 indirectos. Una vez alcanzada la producción estable, se proyectan cerca de 60 empleos directos y 55 indirectos anuales.
El problema para el desarrollo es que buena parte de esos puestos requiere especializaciones que la pequeña población local no puede cubrir.
Hatch calcula que alrededor de 55 puestos anuales podrían ser ocupados directamente por residentes, mientras que una parte considerable de los restantes tendría que cubrirse con trabajadores provenientes del exterior.
En paralelo, el desarrollo requeriría una dotación considerable de trabajadores offshore. Entre 2026 y 2033, durante la etapa más intensiva de perforación y construcción, el informe calcula alrededor de 240 empleos offshore anuales. Desde 2034 y hasta 2057, durante la producción estable, esa cifra disminuiría a aproximadamente 90 puestos por año.
Sea Lion también cambiaría la población de las Malvinas
La necesidad de importar mano de obra tiene una consecuencia directa sobre la población.
El estudio calcula que el empleo generado por el proyecto podría implicar la presencia de un promedio de alrededor de 160 trabajadores migrantes por año. A algunos se sumarían sus parejas e hijos, especialmente en el caso de los puestos permanentes o de largo plazo.
El impacto demográfico alcanzaría su máximo alrededor de 2032 y 2033, cuando el número de nuevos habitantes asociados directa o indirectamente con Sea Lion podría acercarse a 250 personas.
Una vez terminada la etapa más intensiva, el aumento permanente se estabilizaría en un rango de entre 170 y 180 habitantes adicionales, equivalente a aproximadamente 5% o 6% de la población de referencia.
El porcentaje resulta considerable para un territorio que tenía una población residente habitual de 3.662 personas en el censo de 2021. Sin considerar Sea Lion, las propias proyecciones oficiales utilizadas por Hatch calculaban unos 4.025 habitantes para 2035.
Vivienda e infraestructura, uno de los cuellos de botella
Ese crecimiento genera otro de los principales desafíos identificados por el informe: la disponibilidad de viviendas.
Hatch describe un mercado inmobiliario ajustado, con baja disponibilidad y una capacidad limitada para incrementar rápidamente la oferta. La entrada de trabajadores vinculados con Sea Lion se sumaría además a la demanda generada indirectamente por el crecimiento de otros sectores y de los servicios públicos.
Navitas prevé construir alrededor de 20 viviendas propias destinadas principalmente a trabajadores vinculados directamente con el proyecto, además de otras alternativas de alojamiento para determinadas funciones y contratistas. Eso, sin embargo, no cubriría toda la demanda.
Para la segunda fase del proyecto, alrededor de 2033, Hatch proyecta que podrían requerirse hasta 84 viviendas adicionales por encima de la oferta proporcionada directamente por Navitas. El informe señala que el ritmo histórico de construcción en las islas podría no ser suficiente para absorber ese incremento en poco tiempo.
También se necesitarían inversiones adicionales en infraestructura pública, alojamiento temporal, transporte y otros servicios.
El estudio incorpora incluso dos categorías específicas para medir estos efectos: los empleos de “infrastructure accelerator”, asociados a las obras necesarias para acompañar el desarrollo, y los denominados “super multiplier jobs”, vinculados con el aumento de la demanda sobre educación, regulación, administración pública y otros servicios.
Un proyecto petrolero pensado hasta 2057
El escenario de Hatch analiza las dos primeras fases de Sea Lion a lo largo de aproximadamente tres décadas.
El informe de abril de 2025 planteaba el inicio de las tareas de desarrollo en 2025, seguido por la construcción de infraestructura, perforación de pozos, instalación de equipamiento submarino y puesta en marcha del sistema de producción.
El esquema contempla además la utilización de un FPSO, una unidad flotante de producción, almacenamiento y descarga de petróleo, desde donde se procesará y almacenará el crudo antes de ser transferido a buques tanque para su exportación.
Las proyecciones realizadas entonces contemplaban una primera etapa de producción estable, seguida por una nueva campaña de perforación y una segunda meseta productiva. Después de 2033, el modelo prevé una declinación gradual de la extracción hasta aproximadamente 2057.
El cronograma avanzó desde que Hatch terminó el estudio. Navitas y Rockhopper tomaron en diciembre de 2025 la decisión final de inversión y el calendario actualmente difundido apunta al primer petróleo en marzo de 2028.
El documento de 2025 estimaba además unos 791 millones de barriles de recursos recuperables de crudo en Sea Lion. Las diferentes cifras difundidas posteriormente sobre los recursos de la zona responden a distintas categorías y áreas consideradas, por lo que no son directamente comparables.
Las proyecciones de Navitas y las advertencias del propio informe
Los números de Hatch representan proyecciones económicas y no ingresos ya generados. El estudio fue encargado por Navitas y utiliza como insumos centrales las estimaciones de producción, costos, empleo y necesidades de infraestructura proporcionadas por la empresa, además de información de la administración de las islas.
El resultado depende, entre otras variables, del precio futuro del petróleo, los niveles efectivos de producción, los costos del proyecto, el tipo de cambio y la cantidad de trabajadores que finalmente deban trasladarse desde el exterior. El documento reconoce que variaciones importantes en esas variables pueden alterar el impacto calculado sobre el PBI y la recaudación.
Hatch también aclara en el descargo incluido al final del documento que parte de la información suministrada por Navitas y terceros no fue verificada de manera independiente.
Aun bajo esas salvedades, el estudio permite dimensionar la escala que tendría Sea Lion para una economía de menos de u$s400 millones anuales: un impacto acumulado proyectado de casi u$s11.000 millones sobre el PBI, cerca de u$s4.900 millones para las arcas isleñas, cientos de puestos de trabajo y un aumento de hasta 6% de la población permanente.
Son las cifras económicas que acompañan al proyecto petrolero que la administración de las islas pretende llevar a producción desde 2028 y que, al mismo tiempo, el Gobierno argentino busca frenar mediante sanciones, restricciones económicas y nuevas herramientas legales.



