El 17 de agosto de 2026, el crack spread del diésel en Estados Unidos, el indicador que refleja la diferencia entre el costo del petróleo crudo y el valor del combustible obtenido después de su refinación, alcanzó un récord histórico, al superar por primera vez los u$s100.
Petróleo y crack spread récord: por qué las refinerías son las grandes ganadoras de la crisis energética
El cierre del estrecho de Ormuz, los ataques ucranianos contra refinerías rusas y la pérdida de capacidad de procesamiento dispararon los márgenes del sector hasta niveles inéditos.
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La crisis energética disparó los márgenes y convirtió a las refinadoras en las grandes ganadoras del sector.
Las causas de este fenómeno pueden parecer, en parte, evidentes. Sin embargo, para entender realmente cómo llegó a generarse una brecha tan amplia entre el precio del crudo y el de sus derivados, y de qué manera terminó impactando sobre los consumidores, es necesario mirar con mayor detenimiento los acontecimientos geopolíticos de los últimos meses, el funcionamiento de la industria petrolera y, sobre todo, los cuellos de botella que existen en el proceso de refinación.
Fue justamente allí donde se concentró una de las mayores rentas de la crisis, ya que la capacidad de transformar petróleo en combustibles pasó a ser más escasa que el propio crudo.
Esas limitaciones, que durante años permanecieron relativamente ocultas, quedaron expuestas con especial fuerza en distintas partes del mundo y, en algunos casos, terminaron derivando en verdaderas crisis energéticas. Mientras buena parte de la atención estuvo puesta en la cotización del barril, las refinadoras lograron capturar márgenes extraordinarios gracias a una oferta de combustibles que no pudo responder con la misma velocidad.
En ese sentido, comprender lo ocurrido resulta relevante no solo para explicar cómo pueden generarse este tipo de tensiones en el mercado internacional de energía, sino también para dimensionar sus consecuencias fuera de él.
Una restricción en la capacidad de transformar petróleo en combustibles puede terminar afectando el gasto cotidiano de millones de personas, elevar los costos de producción y transporte de las empresas, condicionar el ritmo de actividad y crecimiento de una economía e incluso, cuando el encarecimiento de la energía se prolonga, convertirse en un factor capaz de influir sobre el humor social y los resultados electorales.
En ese contexto, la geopolítica actuó como detonante sobre una industria que ya tenía poco margen para reaccionar. En este sentido, Juan José Vázquez, jefe de Research de Cohen, destacó que los ataques ucranianos contra instalaciones rusas se sumaron al bloqueo de Ormuz y llevaron el procesamiento de Rusia, uno de los principales productores mundiales, a mínimos.
De hecho, las ofensivas redujeron alrededor de 30% su actividad de refinación, mientras en Medio Oriente quedó fuera de servicio más del 20% de una capacidad regional de unos 9,6 millones de barriles diarios. A la vez, Estados Unidos había cerrado o reconvertido siete refinerías desde 2019, eliminando cerca de 1,2 millones de barriles diarios de capacidad.
Por eso, cuando llegó el shock, casi no quedaban amortiguadores en el sistema. Según Tomás Sisto Bourel, de Fortress Capital, el punto central es que la crisis geopolítica encontró al mercado de refinados con “muy poco margen de maniobra”.
En otras palabras, la oferta ya venía operando con poca capacidad disponible, por lo que cualquier interrupción adicional tenía un efecto mucho mayor sobre los precios de los combustibles que sobre el crudo.
Esa fragilidad quedó expuesta en julio, cuando la producción global de las refinerías cayó unos 5 millones de barriles diarios frente al año anterior, mientras los inventarios estadounidenses de destilados descendieron a su menor nivel para agosto desde 1996.
A eso se sumó una demanda estacional más alta de diésel por las cosechas del hemisferio norte, aunque Sisto Bourel remarca que ese factor fue secundario. Para él, la explicación principal estuvo en las restricciones de oferta.
Con menos capacidad disponible en Rusia y otros mercados, el sistema tenía menos margen para compensar faltantes y cada disrupción terminó ampliando con más fuerza la brecha entre el costo del petróleo y el precio de los combustibles.
Así, el salto del crack spread no respondió simplemente a que hubiera más demanda, sino a que la capacidad de refinación se convirtió en el recurso escaso de la cadena. Ese cambio es el que después se trasladó directamente a los balances de las compañías del sector.
El petróleo bajó, pero los combustibles no acompañaron
Ese desacople explica por qué el salto de las ganancias fue mucho mayor entre quienes refinan petróleo que entre quienes simplemente lo producen. En este sentido, Vázquez señala que es “ante todo, una historia de refino y no tanto de crudo”.
Mientras el barril logró retroceder desde los máximos alcanzados durante los momentos más críticos de la guerra, los combustibles procesados continuaron escasos y sus precios permanecieron mucho más cerca de los picos. Esa diferencia se hizo especialmente evidente en el diésel.
El 17 de agosto, el crack spread estadounidense superó por primera vez los u$s100 por barril y llegó a un récord de u$s102,20, reflejando cuánto más valía el combustible refinado respecto del petróleo utilizado para producirlo.
A esa altura, la oferta también estaba presionada por lo que ocurría en Rusia, donde una serie de ataques ucranianos contra refinerías había reducido la capacidad de procesamiento y limitado las exportaciones de diésel. Al mismo tiempo, los flujos de refinados desde Medio Oriente seguían restringidos por Ormuz, lo que mantuvo ajustada la disponibilidad global de combustibles.
En tanto, Estados Unidos trató de cubrir parte de ese faltante llevando sus propias plantas al límite. Las refinerías en el país operaron por encima del 95% de utilización durante más de 11 semanas consecutivas, la racha más prolongada en más de 25 años, y elevaron sus exportaciones de destilados a niveles récord.
Aun así, la producción mundial de combustibles cayó alrededor de 6% interanual hasta unos 81 millones de barriles diarios y permaneció casi 2 millones de barriles por debajo de la demanda.
Para Sisto Bourel, precisamente esa ampliación entre el costo del petróleo y el precio de los productos obtenidos explica la mayor parte de la mejora extraordinaria de los balances de las petroleras.
Con la materia prima disponible pero el procesamiento convertido en el recurso escaso, las refinerías pasaron a ocupar el lugar más rentable de la cadena.
Los grandes ganadores de la crisis energética
Los balances del segundo trimestre terminaron de poner números a ese fenómeno. Entre las grandes refinadoras estadounidenses, Marathon Petroleum, una de las mayores compañías dedicadas al procesamiento y comercialización de combustibles del país, ganó u$s5.100 millones, frente a u$s1.200 millones un año antes, mientras su beneficio por acción saltó de u$s3,96 a u$s17,73, lo que implicó un crecimiento de alrededor de 348% interanual.
El salto provino, principalmente, del negocio de refinación y comercialización, es decir, de comprar crudo, procesarlo y vender los combustibles obtenidos. Así, el resultado operativo pasó de u$s1.900 millones a u$s6.700 millones, mientras el margen de refinación casi se duplicó, desde u$s17,58 hasta u$s36,33 por barril.
La dinámica se repitió entre sus principales competidoras. Valero Energy, otra de las mayores refinadoras independientes de Estados Unidos, quintuplicó su ganancia desde u$s714 millones hasta u$s3.700 millones.
A su vez, Phillips 66, que combina refinación, transporte y comercialización de combustibles y petroquímicos, obtuvo u$s3.800 millones y un beneficio ajustado de u$s9,41 por acción.
En este último caso, desde Cohen, destacaron que el margen realizado de refinación pasó de u$s10,11 en el trimestre anterior a u$s24,08 por barril, más del doble en apenas tres meses.
La comparación con el resto de la industria permite dimensionar mejor la magnitud del salto
Las ganancias del segmento de refinación y comercialización crecieron alrededor de 231% interanual, muy por encima del 160% registrado por las petroleras integradas y del 106% de las compañías de exploración y producción.
Así, dentro de una temporada excepcional para todo el sector energético, el mayor crecimiento de beneficios se concentró justamente en el negocio de refino.
Ese liderazgo también se trasladó a las cotizaciones. Mientras ExxonMobil y Chevron avanzaron algo más de 25% durante el año, Marathon acumuló una suba superior al 120%, una diferencia que muestra hasta qué punto el mercado premió a las compañías más expuestas a la expansión de los márgenes de refinación.
En ese contexto, desde Fortress Capital, señalaron al VanEck Oil Refiners ETF (CRAK) como una alternativa para capturar esa tendencia de manera diversificada, ya que reúne entre sus principales posiciones a Marathon, Phillips 66 y Valero.
¿Puede mantenerse el negocio extraordinario de las refinadoras en 2027?
Hacia los próximos meses, una cuestión central será cuánto tiempo pueden sostenerse estos márgenes extraordinarios. Una rentabilidad tan elevada debería incentivar un mayor procesamiento y nuevas inversiones, aunque la respuesta de la oferta tiene límites.
Según Vázquez, construir una refinería desde cero requiere al menos 18 meses. A eso se suma que las plantas estadounidenses llevan más de 11 semanas operando por encima del 95% de utilización, mientras la producción mundial todavía se ubica casi 2 millones de barriles diarios por debajo de la demanda.
Aun así, las proyecciones para 2027 anticipan cierto alivio. En esta línea, la AIE estima que, tras una caída de 4,3 millones de barriles diarios en la oferta mundial durante 2026, la producción podría recuperarse hasta 110,3 millones diarios, mientras la capacidad de refinación sumaría unos 3,5 millones de barriles diarios después de perder 2,5 millones este año.
Esa mejora también explica por qué Goldman Sachs proyecta un Brent cercano a u$s80 en 2027 y JPMorgan apunta a un nivel todavía menor, de u$s64. Sin embargo, ese escenario supone una menor tensión geopolítica y una recuperación de la oferta que todavía no están garantizadas. Además, Estados Unidos llegó a julio con 316,5 millones de barriles en su Reserva Estratégica, el nivel más bajo desde 1983, y analiza reponer unos 400 millones.
Por eso, Sisto Bourel espera una compresión del crack spread si vuelve la capacidad de refinación, aunque advierte que los márgenes podrían seguir por encima de sus promedios históricos. Vázquez coincide en el diagnóstico y considera que la inversión debería aumentar, pero la solución estructural tardará más en llegar que el shock que originó el problema.





