El cuento relata la historia de un tribuno romano que va en busca de la inmortalidad y desciende «por una escalera que se abismaba hacia la tiniebla» a un mundo que considera «dudoso» y «atroz», un laberinto, «una casa labrada para confundir a los hombres», con «sótanos provistos de nueve puertas y sótanos largos que se bifurcan». Luego, cuando el tribuno asciende «de la ciega región de negros laberintos entretejidos a la resplandeciente Ciudad», descubre una arquitectura «adecuada al trabajo de obreros inmortales», hecha para los dioses que estaban muertos y «estaban locos». También en la Ciudad, en las «reliquias de su ruina», en esa «suerte de parodia o reverso de los dioses irracionales», se percibe la impronta de
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