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22 de septiembre 2005 - 00:00

Al fin un documental sin estrecheces

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En lugar de digitar interpretaciones, los autores de «Habitación disponible» siguen a los protagonistas (tres inmigrantes en plena crisis de 2001) y dejan que el espectador saque sus conclusiones.


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En el caso de lo que aquí vemos, «la voz de Dios» nos cargaría de datos estadísticos, nos diría lo que piensa, deja de pensar, o le convendría pensar cada sujeto registrado (al que, cuanto mucho, en algún momento le acercaría un micrófono para que diga algo que luego será convenientemente editado), y cerraría todo con sus propias conclusiones. Hay dioses soberbios, que miran desde arriba, hay dioses poetas, hay otros divertidos, o bastante objetivos y serviciales, y hay también pequeños dioses que dejan a un lado su posible divinidad, y permiten que las personas registradas hablen por sí mismas, y la gente haga sus propias deducciones. Son los que hacen documental de observación.

De todos modos, se entiende, algún manejo del material debe haber. Cabe aquí confiar en lo casual, aunque ya la selección de personas y situaciones, las puestas de cámara, y los seguimientos de
Como en todo registro, hay partes aburridas, pero también de las otras. Los personajes elegidos son queribles. Y terminamos interesados por saber qué le pasó a una ucraniana que vende café ambulante, cómo un paraguayo se charla a una compatriota con el verso de la nostalgia, y qué lindo bromean, manteniendo las distancias, una doméstica paraguaya con su patrón, un anciano juez que recuerda cuando, hace tanto, conoció a
A la cabeza del grupo documental,

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