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26 de febrero 2004 - 00:00

Amores y traiciones con gozosa liviandad

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Alterio y Verveke


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Pero esta vez el hombre alcanzó el estado de gracia, y supo contagiarlo a sus artistas (un elenco excelente) y al público. Antes de seguir, aclaremos: es un estado de gracia chiquito, liviano, de esos que hacen pasar un buen rato y punto. Los mismos españoles han hecho mejores comedias, desde
Quizá -sobre todo en estos tiempos-en esa referida liviandad este la clave del suceso. Gozosa liviandad en la expresión de los contenidos: una mirada sobre amores cambiados y amistades traicionadas, pero todo sin pérdidas de sangre, sin mayores sentimientos de culpas ni castigos, y con una feliz reconciliación general, donde cada uno expande su capacidad de amor hacia la pareja del amigo y todos contentos («pero que no se repita»).

Y gozosa liviandad, también, en el armado de la historia: fresca, risueña, cuanto mucho un poquito larga pero llevadera, con unas chicas preciosas, y con un antojo que no molesta demasiado, sino que, por el contrario, cae simpático. Se trata de la aparición, cada tanto, de unos números musicales a cargo de los propios actores, que así van expresando los conflictos o los deseos de sus personajes. Como hicieron
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