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9 de julio 2008 - 00:00

"Antes que el diablo sepa que estás muerto"

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Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke, los hermanos complicados en un delito en «Antes que el diablo sepa que estás muerto».
«Antes que el diablo sepa que estás muerto» («Before The Devil Knows You're Dead», EE.UU., 2007; habl. en inglés). Dir.: S. Lumet. Int.: P.S.Hoffman, E. Hawke, A. Finney, M. Tomei y otros.

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El título del nuevo policial de Sidney Lumet refiere a una habitual expresión irlandesa para el brindis: «May You Be In Heaven Half An Hour/Before The Devil Knows You're Dead» («Ojalá llegues al cielo media hora antes de que el Diablo sepa que has muerto»). Sus protagonistas, los hermanos Hank (Ethan Hawke) y Andy (Philip Seymour Hoffman) no tienen demasiado tiempo más para llevar a cabo un objetivo demencial: asaltar una joyería de suburbio. Y no cualquier joyería sino una familiar; y tampoco la de cualquier familiar sino la de sus propios padres.

No hace falta haber leído demasiado a Freud para advertir que la elección de Andy, autor intelectual del robo, se fundamenta en algo más que la mayor facilidad que ofrece un local del que ambos conocen todos sus movimientos, las costumbres de sus propietarios, los sistemas de alarmas, etc. Entre Andy y el padre (Albert Finney) hay una relación extremadamente tortuosa, cuyos motivos se irán develando a lo largo del film, y hasta podría quedar uno irresuelto, a criterio del espectador.

Ambos hermanos dos típicos perdedores, aquejados por deudas, presiones conyugales o ex conyugales (y hasta tienen algo más en común que uno de ellos ignora) y necesitan con urgencia el dinero resultante del atraco. Aunque al depresivo y temeroso Hank le cueste al principio acceder al plan de Andy, terminará sumándose a él y, como se trata de un film del director de «Tarde de perros», maestro en manejar prolongadas situaciones de suspenso en escenarios conflictivos, algo va a salir mal, muy mal, y el diablo podría estar en condiciones de enterarse de todo mucho antes de aquella media hora. El veterano Lumet (84 años) no ha perdido el pulso para construir y tensar este tipo de argumentos, en los que es menos importante la historia misma como las reacciones, imprevisibles a veces, de personajes bien definidos y sometidos a una presión extrema. Lo que va saliendo a la superficie, además, no es sólo su capacidad para resolver obstáculos que ponen en juego su libertad o su vida, sino además la forma en que sus propios lastres personales, sus propios pasados, los favorecen o los hunden.

Esa marca Lumet, que trasciende el habitual horizonte del policial, no deja de estar presente en su nueva película aunque tal vez demasiado potenciada. Si «Antes que el diablo...» tiene un planteo y un desarrollo de innegable eficacia, su desenlace casi shakespeariano resulta excesivo. Si siempre es apasionante observar cómo procede una persona ordinaria en una situación extraordinaria, cuando ese proceder la pone al borde de actuar como una persona también extraordinaria se corre el riesgo de caer en lo inverosímil y, como efecto, en el abandono de compasión del espectador hacia el acorralado.

Es verdad que la crónica policial suele reflejar, a diario, casos todavía más asombrosos y sangrientos que el que se ve aquí, pero el guión de un policial no se mide ni por la crónica periodística ni por la realidad misma, sino por su propio género. En todo caso -y a favor del film-, todo es mucho más sólido que en la fallida «El sueño de Casandra».

Narrada a través de abundantes flashs-backs y flash-forwards, la técnica, a veces un tanto forzada, tiene como ventaja reconstruir el rompecabezas de los episodios desde varios ángulos, de tiempo y escenario a partir del momento del asalto, y como desventaja la pérdida del crescendo dramático.

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