Si usted prefiere el humor sutil, refinado, definitivamente esta película no es la más indicada. En cambio, si le gusta, o no le molesta, el humor más grueso, aunque agudo; el humor mordaz, “incorrecto” y guarro, como dicen en España y también aquí desde que empezamos a importar palabras de la península, “Torrente presidente” no lo va a defraudar. Todo lo contrario.
Las carcajadas en un terreno resbaladizo
En su sexta aparición, José Luis Torrente, el personaje de Santiago Segura, encuentra una nueva resonancia en la política, menos inocente que en sus comienzos
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Santiago Segura en su personaje más famoso: "Torrente presidente".
Sexta película de la serie que se inició en 1998 con “Torrente, el brazo tonto de la ley”, Santiago Segura vuelve a componer un personaje que domina a la perfección: grotesco, guarango, retrógrado, machista, racista, nostálgico del Generalísimo, en esta nueva producción cala aun más hondo porque se mete en el corazón de la política.
Desde luego, si bien las referencias son casi en su totalidad a la política y los políticos españoles de hoy (país donde su estreno fue un “boom” que superó por veinte veces las recaudaciones de “Navidad amarga”, la última película de Pedro Almodóvar), el libro no carece de algunas “participaciones internacionales” que desternillarán a los argentinos. Ya imaginarán de quién estamos hablando. Y, aunque esto pueda ser más un spoiler que una pista, el remate de Torrente, después de hablar por videollamada con el mandatario en cuestión, es desopilante. Y eso no se contará.
Esta nueva aventura del antihéroe impresentable, mal vestido y flatulento, no está tan lejos de la realidad: dos asesores del partido Nox (indisimulada representación del ultraderechista Vox) descubren, en un bar piojoso, a Torrente, y deciden que un extrapartidario de tales características y tales ideas podría conectar a la perfección con su masa de votantes, razón por la cual lo convencen, por dinero, claro, para incorporarlo al partido como asesor. Es el tiempo de los “outsiders”.
Torrente empieza a improvisar discursos públicos y, como es de esperar, se gana sus primeros aplausos. Es entonces cuando, a medida que su popularidad crece, acaricia la idea de rechazar ese puesto 26 que le han dado en la lista y llegar al más alto, esto es, a presentarse como candidato a presidente. Sus estratagemas constituyen la parte central de la historia: algunas son divertidísimas; otras excesivas, pero, en definitiva, no puede esperarse otra cosa de un personaje así con una cuerda de humor similar. La escena del debate presidencial, incluyendo el percance que sufre el candidato titular —lo que le impide concurrir y debe ser reemplazado por Torrente—, es antológica.
El libro de “Torrente presidente” no se detiene ante ningún tema tabú: el protagonista ataca a los gordos, los negros, los homosexuales, los travestis, los catalanes y todas las autonomías regionales, los árabes (en un discurso, llama a una nueva expulsión de los moros de España y recibe ovaciones). Ahora, este tipo de humor, que se balancea en una línea demasiado delicada cuando se satiriza a un fascista bruto, deja siempre el interrogante sobre de qué forma, y por qué, se ríe el público, e incluso aplaude.
Porque la risa, en estos casos, no siempre es transparente: puede ser complicidad, o puede ser distancia crítica. Y ahí aparece una zona ambigua, casi inevitable, donde el objeto de la burla, ese personaje miserable al igual que su ideología, corre el riesgo de ser también, para algunos, una forma de identificación. Es, en todo caso, una de las tensiones más persistentes de la sátira cuando decide asomarse demasiado al abismo que parodia.
Pero, en definitiva, así es José Luis Torrente y su mundo. Nadie queda a salvo en los palos que reparte el guión: también están satirizados, con insignificantes cambios de sigla, el PSOE, el PP, Podemos (llamado “Pudimos”), y hasta el propio presidente del gobierno, Pedro Sánchez, con el nombre de Pedro Vilches, también partícipe desde la Moncloa de una conjura para terminar con Torrente.
Hay dos estrellas estadounidenses que intervienen sorpresivamente en el elenco —a quienes tampoco vamos a spoilear—, y también lo hace, en persona, el ex presidente Mariano Rajoy, quien parece estar tomándole el gustito a la actuación en películas de ficción: este es su segundo largometraje después de “Mi otro Jon” (2023), de Paco Arango.
A esto se suma un uso deliberado de efectos especiales en las escenas de acción y de masacre, que por momentos rozan el “gore”. No se trata de un realismo minucioso sino, más bien, de una exageración caricaturesca: tiroteos improbables, degollinas, cuerpos que salen despedidos con física de dibujo animado y una acumulación de sangre que le guiñan un ojo al espectador antes que sacudirlo. Ese exceso, coherente con el tono general, funciona como otra capa del humor: la violencia busca subrayar lo grotesco del universo Torrente.
La habitual “corte de los milagros” de Torrente no falta: allí están El Gran Wyoming, Gabino Diego, Fernando Esteso, Carlos Areces y hasta Javier Cámara, en un papel irreconocible. También algunos momentos de pausa, respiros dentro del vértigo, que permiten que ciertos chistes decanten mejor, o incluso alguna vuelta de tuerca adicional en el tramo final, donde la acumulación de gags termina por imponerse al desarrollo narrativo.
Todo eso forma parte del mismo pacto: Torrente no se corrige, no aprende, no evoluciona. Como el chiste que uno sabe que es negro y de mal gusto, pero igual cuenta y los demás ríen. Como la carcajada que a veces llega antes que la reflexión, con el espectador completamente entregado.
“Torrente presidente” (España, 2026). Dirección y guión: Santiago Segura. Int.: Santiago Segura, Gabino Diego, Fernando Esteso, Neus Asensi, Carlos Areces.
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