21 de febrero 2008 - 00:00

"Aquí se hace teatro aun sin dinero, en Europa es al revés"

Claudio Hochman: «La protagonista de mi obra se parece a la de Shakespeare, pero a diferencia de ella, ahora está en condiciones de contárselo al público».
Claudio Hochman: «La protagonista de mi obra se parece a la de Shakespeare, pero a diferencia de ella, ahora está en condiciones de contárselo al público».
Radicado en Portugal desde 2002, el director Claudio Hochman se tomó un breve respiro en su actividad teatral (en seis años dirigió más de cuarenta obras) para presentar en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543) el unipersonal «Julietta», producido por su compañía Shakespeare Women Company, y protagonizado por la actriz portuguesa Silvia Balancho.

Hochman celebra con este estreno internacional sus 25 años de teatro. Entre sus trabajos más recordados figura una deliciosa versión de «La tempestad» de William Shakespeare que se ofreció durante varias temporadas en el Teatro San Martín. Su interés por el teatro shakespeareano sigue firme, tal como lo demuestra esta compañía de actrices («quería jugar con esta idea de que en la época isabelina las mujeres no podían actuar») dedicada exclusivamente a recrear la obra de Shakespeare. «Julietta» se presentará hasta el 2 de marzo.

Periodista: Ante todo, despejemos una duda ¿Por qué se fue a vivir a Portugal con lo bien que le iba en Buenos Aires?

Claudio Hochman: Me fui en 2002 con un contrato de trabajo muy interesante. Mi relación con el productor Carlos Fragateiro, ex director del Teatro Trinidade de Lisboa y actual director del Teatro Nacional, se inició en 1997. El vio en un festival mi espectáculo «Cyrano» y me propuso trabajar con él. Nunca pensé en quedarme a vivir en Europa; pero de pronto tuve deseos de quedarme en Cascais, un pueblito de pescadores cerca de Lisboa donde está la residencia de verano de los reyes. Es un lugar muy bonito. Pero al tiempo me instalé en El Escorial, cerca de Madrid, porque empecé a trabajar con varias compañías españolas. También pensé en un momento: «Acá voy a terminar mis días» y sin embargo al año siguiente ya estaba instalado en Lisboa. Sigo viviendo allí además de trabajar mucho en España, donde dirijo varias compañías, inclusive de títeres y objetos. Parece que me he convertido en el director de moda de los titiriteros españoles.

P.: ¿No le pesa haber quedado fuera del circuito teatral argentino, habiendo trabajado para el San Martín, la Comedia Cordobesa e, incluso, para productores como Alejandro Romay y Pablo Kompel?

C.H.: Tomé más conciencia de ello en este viaje; hasta ahora no me pesaba. Pero me pregunto cómo puede ser que con 25 años de trayectoria y habiéndome ido del país en el mejor momento de mi carrera, no pueda tener continuidad de trabajo en la Argentina. Decidí que no voy a esperar a que me llamen. Ya empecé a ensayar una nueva obra con el grupo Caracachumba y en breve voy a hacer algo con el Grupo Cuatro Vientos.

P.: ¿Qué ventajas tiene hacer teatro en Portugal?

C.H.: Encontré muchas más opciones de trabajo y además en Europa es mucho más fácil armar una compañía. Allí di con un espacio propio de experimentación, donde nadie me corre, nadie me apura, estreno cuando quiero, trabajo con la gente que yo elijo y hago lo que quiero.

P.: ¿Recibe financiación del Estado?

C.H.: Yo soy financiado a nivel personal por el Teatro Nacional de Portugal, pero mi compañía es independiente, como las de acá. Llevé el esquema argentino a Europa.

P.: ¿Cómo es ese esquema «argentino»?

C.H.: Hacer lo que uno tenga ganas de hacer y después ver cómo lo vende; los europeos, si no tienen antes el dinero, ni salen de su casa. Si no hay un contrato firmado no hacen teatro, el teatro existe porque alguien puso el dinero antes.

P.: Antes de entrar en la Comunidad Europa, Portugal era considerado un país de segunda clase.

C.H.: Los mismos portugueses siguen diciendo «Me voy a Europa» cada vez que viajan. Pero ahora que entraron los países del Este a la Comunidad Europea, ya no se sienten tan mal posicionados.

P.: En relación a Buenos Aires, Lisboa es una ciudad más aldeana. ¿Cómo es su circuito teatral?

C.H.: Es reducido, con un promedio de 30 espectáculos. La gente no va al teatro, no le interesa, por ahí va a ver un musical cada tanto... Por otra parte, hay un público de teatro cautivo que sigue con entusiasmo a cuatro o cinco compañías emblemáticas que hacen autores contemporáneos y autores clásicos con un gran respeto por el texto dramático, porque los portugueses son respetuosos en todo, muy al estilo inglés.

P.: ¿Y eso a qué se debe?

C.H.: Tuvieron un gran imperio. Hace 500 años conquistaron el mundo y ese pasado sigue gravitando en la actualidad. Pero lo que más los marcó fueron sus cuarenta años de dictadura, que fue durísima, y de ahí no salieron como España a hacer topless y disfrutar de la movida, se quedaron quietos. No gritaron, ni se brotaron. En ese sentido son muy medidos y respetuosos.

P.: ¿Respetuosos de la ley?

C.H.:
Más o menos, también pueden ser algo tramposos, pero guardan las formas.

Tienen frases hechas para todo. Los viernes todo el mundo dice: «buen fin de semana». Nadie se olvida de hacerlo ni se equivoca. Y si el sábado se cruza con alguno le dice indefectiblemente: «buena continuación del fin de semana». Son muy introspectivos y con todo ese mar que los rodea no es extraño que haya tenido tan buenos poetas y escritores. Eso sí nunca podría tomar mate con ellos, porque jamás compartirían una bombilla.

P.: ¿Cómo es esta « Julietta»?

C.H.: Es la historia de una actriz a la que le sucede algo parecido a lo que le pasó a la Julieta de Shakespeare y se lo viene a contar al público. A partir de ahí comienza a narrar la tragedia de «Romeo y Julieta» mezclándola con su propia historia de amor. El espectáculo incluye técnicas circenses, danza, música y canciones, eso crea una atmósfera muy especial. La gente sale muy sensible y eso es muy grato para mí, porque no hay peor pecado que ir al teatro para aburrirse.

Entrevista de Patricia Espinosa

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