Tomás Sarquis, un joven artista urbano, porteño, de 27 años, empezó a hacerse notar en el mundo del arte a través de “intervenciones” en guitarras, camperas, zapatillas y tapabocas, entre otras cosas. Con formatos originales, Sarquis comenzó a crear a partir de un fibrón y un papel. Cautivado por pintores como Gabriel D’Elía y Luis Carreon, en su obra un cartón puede ser un excelente material, pero también la piel de una mujer.
Su obra puede verse en Instagram (@tomisarquis), una página en la que complementa sus pinturas con fotos en las que él mismo aparece en desarrollo creativo. “No le puedo asignar un estilo o una definición a lo que hago. Muchas veces voy trabajando y recién al final - yo u otra persona- encuentra explicaciones”. Sarquis se considera un autodidacta. Ya tiene un público que consume su obra con el afán y el privilegio de estar entre los primeros en descubrirlo.
Su mundo está rodeado de marcadores, fibrones, acrílicos, aerosoles, lienzos y papeles. Su estilo podría aplicarse con comodidad en otras metrópolis. La transversalidad del arte supera siempre los géneros, los estereotipos, las culturas.
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