ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

2 de septiembre 2008 - 00:00

Aruzzi: "A los 40 ya no se puede culpar a los padres"

ver más
Jorgelina Aruzzi: «No me produce conflicto estar en la TV y en el teatro independiente. Si no voy a ‘Bailando por un sueño’ es porque no tengo el físico requerido».
Ni siquiera su estelar paso por «Chiquititas», junto a una troupe de catorce chicos, pudo aplacar la inclinación de Jorgelina Aruzzi hacia los personajes raros o patéticos, a los que ella define como «enfermitos». La actriz de «Aquí no hay quien viva» y habitual partenaire de Susana Giménez en el sketch de «Gilda Super E-Star», estrena el 5 de septiembre, en el teatro Anfitrión, «La madre impalpable» que escribió y dirige en colaboración con Mario Marino.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Según contó en diálogo con este diario, se trata de la historia de una mujer que «cree ser una madre genial y autosuficiente, cuando en realidad se comporta como una niña grande». En ella, Aruzzi compone a una madre algo desbordada que va a armar un escándalo a la escuela de su hijo porque sus compañeros lo discriminan. «A medida que avanza la obra se va volviendo más freakie», informa la actriz sobre su regreso a la escena alternativa. En los últimos años sólo realizó algunas pocas intervenciones en el espectáculo colectivo «El 3340 (con humos de cabaret)».

Periodista: Parecía que con tanta televisión ya no iba a volver al teatro independiente.

Jorgelina Aruzzi: No, para nada. Hace tiempo que quería volver al teatro, pero por los tiempos de la televisión no lo podía concretar. Por eso opté por regresar al unipersonal que me permite ensayar en mis ratos libres y además me brinda la ventaja de poder contar lo que yo quiero.

P.: Aún le queda resto para escribir, actuar y dirigir ¿Piensa seguir haciendo doblete?

J.A.: Por ahora sí. Lo que me da el teatro no me lo da la televisión, y viceversa. La TV da más dinero y un alcance masivo, algo que también valoro.

P.: ¿Cómo vive su popularidad?

J.A.: Por ahí me saludan la gente grande y los chicos, y el carnicero que me aconseja: «Vos tenés que ir a 'Bailando por sueño'».

P.: Usted ya trabajó en «El show de Videomatch» ¿No le genera conflicto la mezcla de Tinelli con el teatro independiente?

J.A.: No, para nada. Y no voy a «Bailando» por una simple razón, carezco de los atributos físicos que piden ellos.

P.: Tras su paso por la factoría Cris Morena, ahora necesita hablar de madres, niños y escuelas en el teatro. ¿No se sintió sapo de otro pozo dentro de ese mundo?

J.A.: En realidad lo pasé muy bien, yo siempre tuve un acercamiento especial con los chicos y además ahí me trataron como una estrella absoluta. Yo venía de trabajar en papeles secundarios o a lo sumo de coequiper (de Florencia Peña en «La niñera» y de Romina Yan en «Amor mío») y de pronto me vi absorbida por un protagónico que no me dejaba tiempo para nada. Trabajar con todos esos chicos fue divertido. Algunos todavía me llaman y ahora que el programa se está dando en Brasil, tengo nuevos fans que me escriben en portugués.

P.: ¿El tipo de humor de «La madre impalpable» es el mismo de «Doméstico» (una solterona que dialogaba con su perro mientras planchaba)?

J.A.: Sí, tiene ese tono que le permite a uno reírse y ser espectadorde la oscura tragedia que vive el personaje. El chiste es lo que viene a salvar tanto dolor.

P.: Las madres, en general, tienen fama de densas, no de «impalpables» ¿por qué utilizó ese término?

J.A.: Tiene que ver con la liviandad, con alguien que es tan inconsistente que se vuelve intangible. Esta es una madre sobreprotectora que va a una reuniónde padres a defender a su hijo porque le dicen « gordotetas». Ella, a su vez, fue alumna de ese mismo colegio y lleva sobre sus espaldas varios fantasmas. No quiere hacer con su hijo lo que su madre hizo con ella, por eso insiste en que el suyo juegue al fútbol, pero es un desastre. Entonces, por no repetir un error, termina cometiendo otro. Nadie puede ser una madre amorosa y equilibrada si a los cuarenta años todavía sigue echándole la culpa a sus padres de lo que una hace.

P.: ¿Qué papel juega la escuela en todo esto?

J.A.: Con Mario Marino llegamos a la conclusión de que todos fuimos educados sobre la base del rencor y de un profundo rechazo por las diferencias. En este caso, la escuela le cuestionaa la madre que su hijo sea obeso. También lo rechazaría si fuera boliviano, porque el ámbito educativo es un lugar de discriminación. Los chicos hoy tienen mucha información, usan celular, están todo el día en la computadora. pero la base de la mala educación para mí no pasa por ahí, sino por la ausencia de valores y el consumismo que le transmiten sus padres. En «Chiquititas» todos los chicos tenían celular. Yo no estoy de acuerdo con eso, pero parece que las necesidades de la época nos llevan a que las cosas sean así.

P.: ¿La protagonista es una madre más bien tradicional?

J.A.: Preferí que no se sepa muy bien de qué época es. Ella habla de Internet, del celular, pero también tiene cosas de nuestras madres y abuelas. Es una mezcla.

Entrevista de Patricia Espinosa

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias