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10 de julio 2006 - 00:00

Atractiva pintura joven en un Malba más secreto

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«Hippies», de Vicente Grondona, sale al rescate de esa vieja técnica del «batik», que le permite trabajar con la luz y la sombra.
El Malba acaba de inaugurar «Todo tiene que ver con todo», una muestra de los jóvenes Agustín Inchausti, Vicente Grondona y Ruy Krygier curada por Fernanda Laguna, artista, fundadora y gestora del espacio alternativo Belleza y Felicidad. Más allá del interés que reviste la exhibición -una de las mejores que se presentaron en el sector Contemporáneo-, la presencia de Laguna se puede ver como un guiño del Malba hacia los artistas que hoy transitan con su obra por los circuitos alternativos y marginales.

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Lo importante, aunque Belleza y Felicidad ha crecido mucho desde que en 1999 abrió sus puertas en la esquina de Guardia Vieja y Acuña de Figueroa, es que la muestra descubre ante el gran público que visita el Malba (que no es el mismo que concurre al barrio del Abasto o a la sede que posteriormente inauguró Laguna en Villa Fiorito), el nivel de calidad y la energía de un arte al que pocos tienen acceso (salvo en ocasiones excepcionales, cuando las ferias ceden lugar a los artistas llamados « emergentes»).

Por otra parte, en el activo escenario porteño, la señal que emite el Malba cobra mayor sentido, porque es una de las pocas instituciones que todavía conserva su poder orientador y legitimador ante el coleccionismo y el público. Es decir, la obra que allí se exhibe cuenta con el aval de una gestión que no se ha degradado, porque cumple con los requisitos que gran parte de los museos estatales han olvidado o desdeñan.

Entre otras cuestiones, el Malba da un buen ejemplo al comprar el arte que atesora, mientras cada vez se arraiga más en la Argentina esa mala costumbre de formar colecciones apelando al espíritu filantrópico de los artistas, que algunos exprimen para reunir fondos a través de los consabidos remates con obras « donadas». Lo cierto es que Laguna llegó a Barrio Parque con tres de sus mejores artistas como soporte, a desplegar su intensa creatividad y a disfrutar de un montaje del primer mundo.

El lugar de exhibición de «Todo tiene que ver con todo» es un departamento cuyo diseño está tomado de uno de los planos de Guillermo Kuitca, artista que, como supo advertir el director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, Glenn Lowry, tiene la capacidad de trasladar sentimientos, pensamientos o historias, a un mapa o un plano. Y este planteo está presente en la muestra.

Aunque cada artista ocupa un cuarto de ese departamento, que podría ser el equivalente a una sala, el espectador siente que ingresa a un lugar privado e íntimo, impregnado por la sensibilidad de quienes lo ocupan, un lugar de convivencia donde todos están involucrados con todo.

El primero de los ambientes del departamento está acaparadopor las psicodélicas pinturas de Grondona, pintor que logra crear una imagen nueva y sin antecedentes al establecer una excelente relación entre la técnica empleada (anilinas y lavandina), con las imágenes de sus bosques y de una vegetación que parece palpitar o moverse. En una de las obras, «Hippies», sale al rescate de esa vieja técnica del «batik», que le permite trabajar con la luz y la sombra y revelar a través de sus mágicos personajes la exaltación fantasiosa que lo inspira.

Agustín Inchausti ocupa otro cuarto con una obra fragmentada como el vitreaux de una catedral, pero que proviene del comic y el stencil callejero y ostenta la contundencia del arte religioso a pesar de ser pagana. Laguna aclara que a través de los materiales y la forma de producción, «las propuestas comparten una poética cercana al surrealismo y a lo onírico. Son aportes de ficción, vinculados a la idea de luminosidad».

Entretanto, el sonido del video «Art Popul» de Krygier invade todos los ambientes, y puede ser visto al terminar el recorrido como el nexo que conecta todas las obras. Nexo que, definitivamente, es el arte. Con una filmación y actuaciones, que si bien son impecables preservan el espíritu «casero» de toda la muestra, Krygier se las ingenia para mostrar algunos momentos intensos y mágicos que depara el arte, pero también y sobre todo, para poner el acento en las instancias patéticas y divertidas que viven sus protagonistas.

El video deja intrigado al espectador, que finalmente sale del museo con una sonrisa y preguntándose -un poco en broma y un poco en serio- por qué será que el arte contemporáneo suscita tantas pasiones.

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