Roberto Mosca, en su versión de «Babilonia», acentuará el aspecto menos costumbrista y más dramático de la obra de Armando Discépolo.
Roberto Mosca es un gran conocedor de la obra de Armando Discépolo, con quien además trabajó y compartió una amistad de largos años. Mosca estrenará el próximo domingo, a las 12.30 en el Teatro de la Ribera (Avenida Pedro de Mendoza 1821) una de las obras más frecuentadas del autor, «Babilonia», cuyo debut se remonta a 1925. Este famoso exponente del « grotesco criollo» describe las angustias, intrigas y conflictos de un grupo de criados, la mayoría inmigrantes, que sirven en casa de unos «nuevos ricos». La acción transcurre en el subsuelo (un auténtico microcosmos) donde todo el mundo corre para atender la fiesta de compromiso de la hija de los patrones que se celebra en el piso de arriba, hasta que el conflicto se desata cuando desaparece un valioso collar.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Roberto Mosca: Tuve la suerte de ser dirigido por él en «Mateo», en el viejo Canal 7, en la década del '60, y a partir de entonces fue naciendo una amistad. Siendo yo italiano y el hijo de italianos teníamos muchos códigos en común. La problemática que él plantea en toda su dramaturgia siempre me resultó muy cercana porque la viví a través de mis tíos y otros parientes. Para ellos fue muy duro tener que insertarse en una ciudad tan cosmopolita como Buenos Aires. Ellos venían de la campaña, de pueblos muy chicos, y debían ocuparse de tareas que acá nadie quería hacer.
P.: En general, se considera que «Babilonia» es la menos sombría de sus obras.
R.M.: También tiene sus cosas. Algunas situaciones pueden resultar graciosas por cómo se desenvuelven, pero yo quiero que el público esté más atento al drama que vive cada uno de estos personajes: ¿por qué vinieron? ¿qué están haciendo acá? Mi foco estará allí.
P.: ¿Qué reacciones provocó cuando se estrenó?
R.M.: Al principio no gustó, porque el público no estaba acostumbrado a este tipo de teatro. Se venía del sainete, de un teatro al aire libre... Lo que hizo Don Armando fue sacar toda esa cosa jocosa del tano, del turco y del gallego para meterlos dentro de una habitación, que también es una manera de meterlos dentro de sí mismos para que desahoguen todas sus angustias y problemas.
P.: Usted convocó a actores de gran trayectoria, varios de ellos pertenecieron al elenco estable del San Martín ¿A qué se debió la inclusión de Anabel Cherubito? Debe ser la primera vez que el Complejo Teatral contrata a una actriz a tan pocos meses de haber sido tapa de Playboy.
R.M.: Fue muy gracioso. Yo, ni estaba enterado, me lo contó una de las secretarias. Apenas me lo dijo, busqué en Internet y ahí apareció. Para mí fue una sorpresa, cuando me la propusieron yo no conocía su carrera. Creo que su trabajo en televisión coincidió con mi estadía en España. Pero me jugué por ella y dio un resultado muy positivo.
P.: Volvamos a Discépolo ¿Era un hombre mal carácter?
R.M.: Sí, debo admitirlo, tenía muy mal carácter. Siempre andaba muy serio, y cuando trabajaba era muy estricto. El siempre hablaba de tonos y colores, para él era muy importante explotar la musicalidad de los textos. Por ejemplo, de un personaje de «Cremona» dice: «Su tono es azul, chancletea, tiene cara de caballo». Si un actor se confundía y no interpretaba esto como él se lo había propuesto, se ponía muy mal. Su manejo del lenguaje era exquisito. Una vez le preguntaron por qué le había agregado un nuevo acto a «Cremona» después de tantos años, y él respondió: «Porque los personajes condenados al silencio me aullaban de noche».
P.: ¿Siempre hablaba así o cuando se relajaba también podía hablar de fútbol?
R.M.: Hablaba así con quienes tuvieran afinidad. El sabía muy bien con quién podía dialogar.
P.: ¿Y si no?
R.M.: Si no, era capaz de decir: «Muy mal, muy mal, estos no sienten como uno». Pero también podía ser muy atento. En 1970, un año antes de su muerte, se me ocurrió organizar un partido de truco entre la Asociación de Actores y Argentores. El premio era la copa «Armando Discépolo» y, por supuesto, lo invitamos a que compartiera un asadito con nosotros. Claro, era un poco difícil acompañar el truco con unos spaghettis. El, en todo momento, se mostró muy cordial. Ese día le tomé un montón de fotos. Hay una de perfil que seguramente van a publicar en el nuevonúmero de la Revista Teatro, que edita el Complejo Teatral de Buenos Aires. Guardo un recuerdo entrañable de Don Armando. Yo ya dirigí otra obra suya, «Stefano», en el San Martín, pero ahora las quiero llevar a escena todas.
El elenco de «Babilonia», además de por el mismo Mosca, estará integrado por Noemí Morelli, Cutuli, Roberto Castro, María Comesaña, Anabel Cherubito, María Elina Rúas, Ricardo Díaz Mourelle, Pepe Monje, Emiliano Dionisi, Patricia Kraly, Carlos Kaspar, Maia Francia, Rocco De Grazia y Rodolfo Rodas. La música es de Luis María Serra, la iluminación de Miguel Morales y Roberto Mosca, el vestuario de René Diviú y la escenografía de Roberto Almada.
Dejá tu comentario