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1 de julio 2008 - 00:00

Bien la Filarmónica con programa audaz

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Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: K. Jean. (Teatro Opera.)

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En el último concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires se incluyeron dos obras en primera audición, algo bastante excepcional para nuestros organismos sinfónicos, que habitualmente prefieren la comodidad que proporcionan las obras conocidas por el público y ellos mismos, sin riesgos ni incertidumbres. En el eterno deambular de esta temporada, el escenario fue ahora el Teatro Opera, con condiciones acústicas apenas aceptables comparadas con la del Colón donde debería estar actuando. Pese a que también tiene dificultades para conseguir un lugar adecuado para sus ensayos, la Filarmónica viene tocando bien, si se exceptúan algunos deslices observados sobre todo en los bronces en la Sinfonía N° 3, en Fa Mayor, Op. 90, de Brahms con la que concluyó este concierto. Aunque la versión en manos del director norteamericano Kenneth Jean, estuvo lejos del espíritu germánico de la obra, hubo momentos logrados como el bello «Poco allegretto» (tercer movimiento), de dicha sinfonía.

Lo más interesante de la noche fueron las primeras audiciones. Insólitamente la obertura de la ópera de Rimski Korsakov, «Noche de mayo» nunca se había escuchado en vivo en nuestro medio -según consigna el programa de mano-, y merecía otra suerte porque se trata de una más que atendible introducción, que ya preanuncia al futuro autor de « Scheherazade». La orquesta se lució con ella, tanto como Kenneth Jean. También interesó « Contrastes», de Gunther Schuller, neoyorquino como Jean, y responsable del área de música contemporánea de Tanglewood, que tocó en su parte solista el Quinteto Filarmónico de Buenos Aires, integrado por excelentes músicos (Claudio Barile en flauta; Néstor Garrote, oboe; Mariano Rey, clarinete; Gabriel La Rocca, fagot y Fernando Chiappero, en corno), que le otorgaron un brillo especial a esta obra compleja y en cierta manera resistida por el público, aunque sea una obligación de la OFBA renovar el repertorio, aún con obras discutibles para un sector ortodoxo del auditorio.

En el mismo concierto, el maestro Jean entregó una elegante y plácida ejecución de la Sinfonía N° 29, en La mayor, K. 201, de Mozart, completando un programa saludablemente ecléctico.

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