21 de septiembre 2007 - 00:00

"Castrati" con acento mexicano

Centuriones y castrati en «De monstruos y prodigios», laentrada mexicana en el VI Festival Internacional deTeatro de Buenos Aires.
Centuriones y castrati en «De monstruos y prodigios», la entrada mexicana en el VI Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires.
«De monstruos y prodigios» de J. Kuri. Dir.: C. Valdés Kuri. Por la Compañía «Teatro de Ciertos Habitantes». (Sala Casacuberta - Teatro San Martín).

La compañía mexicana «Teatro de Ciertos Habitantes» tiene diez de trayectoria y una frecuente participación en distintos festivales y escenarios del mundo. Cada una de sus obras es producto de una minuciosa investigación previa que en el caso de «De monstruos y prodigios» -el espectáculo con que participan del VI Festival Internacional de Teatro- está centrada en la historia de los castrati.

Esta pieza de Jorge Kuri es pródiga en curiosidades, anécdotas y casos históricos que brindan una idea muy cabal de las luces y sombras que rodearon a este fenómeno. A estos cantantes se les retiraba los testículos en la pubertad para que sus voces conservasen el registro agudo. El problema es que muchos de estos castrados carecían de dotes musicales y terminaban sus días en la pobreza o repudiados socialmente por su brutal mutilación. Pero aquellos que lograban triunfar en el campo musical eran tratados como semidioses.

Las andanzas de los castrati son narradas en escena por un centauro -el mítico Quirón- y dos simpáticos siameses, Jean y Ambroise Paré (el primero barberocirujano, el segundo crítico de ópera) que ofician como maestros de ceremonia acompañados por un eunuco oriental (en el doble papel de personaje y servidor de escena). La comicidad evita que esta suerte de conferencia al estilo enciclopedista sature al público con su exceso de información.

El elenco es dúctil y esto contribuye a que las escenas musicales más serias -a cargo del delicioso sopranista Javier Medina- adquieran el mismo aire socarrón que se percibe en el resto de la obra. La puesta de Claudio Valdés Kuri está inspirada libremente en «La historia de los castrati» de Patrick Barbier, pero al incluir otros personajes extravagantes o de naturaleza fantástica logró ampliar aún más el campo de asociaciones que dispara este tema, dejando abiertas varias preguntas en relación al lugar del artista y a los sacrificios y compromisos que le exige su vocación. Sin embargo, tras la primera hora de espectáculo el caos se adueña de la escena. Una seguidilla de trucos efectistas (espectadores que se enojan, guerra de pancitos desde el escenario y hasta el estruendoso disparo de un cañón) intenta darle un toque más rupturista a la puesta. Una decisión bastante discutible, pero que en la función de estreno obtuvo una cálida respuesta del público.

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