Mientras atiende otro cliente, un investigador privado debe enfrentarse al caso más feo de su vida: saber quién es el responsable del accidente que dejó en coma a su hija. Nunca tuvo mayor relación con la chica, pero ella había ido a consultarlo porque sentía que alguien la acechaba. Pocas horas después, en plena noche, un confuso episodio sin testigos la llevó al sanatorio. Drama policial y en primer término drama familiar, de cargos de conciencia que se van acentuando a medida que la situación se agrava, el asunto transcurre de forma tensa, bien armada, tradicional pero con dos revelaciones inesperadas. Una, a mitad de la historia, deja en descubierto la intimidad del protagonista. La otra tiene que ver con la resolución del caso, y se vincula con otro igualmente grave, del que no corresponde anticipar detalles. Solo cabe decir que la historia está bien redondeada, y tiene un epílogo que tranquiliza un poco los espíritus (hasta que aparece el plano final).

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