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• Entre todas las secretarias elige a Traudl Humps porque es de Munich, ciudad donde inició su prédica y donde dio el putsch que lo llevó a la cárcel pero que también lo hizo famoso. Eva Braun era asimismo nacida en la capital bávara.
• El primero de los jerarcas que deja de usar el uniforme nazi es Albert Speer, el arquitecto del Reich. En su segunda visita ya tampoco responde los saludos a mano alzada. Le confiesa a Hitler que contrarió sus órdenes, se despide y se va. Resultó condenado a 20 años de cárcel en el juicio de Nüremberg y vivió hasta los años ochenta en Londres. Investigaciones recientes indican inequívocamente que se encontraba involucrado en la exterminación de prisioneros.
• El segundo en cambiar de uniforme es el niño, que de fanático de las Juventudes Hitlerianas pasa a luchar por su vida y no se suicida como la niña rubia extremista. Es personaje de ficción y encarna el futuro del país.
• Hitler odiaba el calor, cuenta su secretaria. La Cancillería era mantenida a 11 grados y como ella padecía el frío, el Führer en persona le alcanzaba un radiador individual. Tampoco le gustaba que lo toquen, evitaba el contacto físico. Era chismoso y hasta la derrota en Stalingrado gozaba siempre de buen humor.
• La prueba para tomar una nueva secretaria se hizo entre diez postulantes, que ya trabajaban en la Cancillería, y no entre cinco como muestra la película. Todos los días le llegaban miles de cartas de amor de mujeres que soñaban con él. «Por eso se mantenía soltero, para evitar desilusionarlas y perder votos femeninos» narra Traudl Junge en el documental «La secretaria de Hitler». Y su enfermera agrega que «cuando vi que se casaba con Eva me di cuenta que era el fin del Tercer Reich».
• También llama la atención el escaso papel de Martin Bormann en la historia. Probablemente parte de su intervención haya quedado en la mesa de montaje. Hermann Goering es otro jerarca que participa poco, aunque el espectador lo retiene mucho más que a aquél, lo mismo que a Heinrich Himmler.
• «El deterioro y relajo llegaron a tal punto los días finales en el refugio que la gente fumaba delante del Führer, algo impensable sólo semanas atrás» declara la secretaria Junge.
• «¿Cómo el pueblo alemán, el pueblo de Bach, Wagner y Kant ha podido caer tan bajo? Eso es lo que me llevó a hacer la película» declaró el realizador Oliver Hirschbiegel, que nacido en 1957 no vivió la guerra.
• Wim Wenders fue uno de los opositores a la película, porque señaló que al humanizar a Hitler provocaría adhesión al espectador. Y es verdad, pero no puede dejar de aplaudirse que Alemania encare de manera profunda el hecho más traumático de su historia, y en una obra de gran calidad artística. Así lo entendieron muchos otros. «La caída» resultó un gran éxito de público en su país.
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