18 de diciembre 2020 - 00:00

Clooney, camino al Oscar con historia apocalíptica

"No le podemos pedir a la gente que no vaya al colegio, a la oficina o al restaurante, pero sí al cine. Sería injusto", dijo el actor y director.

Clooney. Su caracterización como el científico de “Cielo de medianoche”

Clooney. Su caracterización como el científico de “Cielo de medianoche”

“Filmamos ‘Cielo de medianoche’ (The Midnight Sky) para verla en los cines”, dijo días atrás George Clooney a Variety. “Así fue pensado su diseño visual, su fotografía en los paisajes del Ártico. Sin embargo, mi primera reacción fue decirle a los muchachos de Netflix: ‘Nadie debería pedirle a la gente que no vaya a la escuela, que no vaya a los restaurantes, que no salga a trabajar pero que venga a ver mi película al cine’. Es inmoral. Por eso, la película se estenará en el streaming. Es realmente una lástima. La filmamos en 65 mm porque es noche y día cuando se ve en una pantalla gigante, y eso no se va a poder distinguir bien un televisor. Pero si no se puede, no se puede. Hay problemas mucho más graves en el mundo que no poder estrenar una película en un cine”.

“Cielo de medianoche”, su nueva incursión como director que podría llevarlo por primera vez a una candidatura al Oscar en ese rubro, es una fantasía apocalíptica de pocos personajes cuyo fin de rodaje lo sorprendió en marzo de este año, cuando estalló la pandemia y no pudo regresar a su hogar en Italia. Junto a su familia, permaneció en su residencia de Laurel Canyon, en Los Angeles, sin personal de servicio. De ese modo, dijo, tuvo que tomar un curso veloz de edición de efectos visuales por Zoom mientras cumplía con otras tareas como preparar la comida y lavar la ropa.

Netflix, que estrenará el film la semana próxima, se hizo cargo de la producción de su proyecto más ambicioso hasta la fecha, una fantasía distópica que tuvo un presupuesto de alrededor de 100 millones de dólares. La película no sólo significó, para Clooney, afrontar una producción recargada en efectos especiales, sino también dirigirse a sí mismo, cosa que no había hecho nunca. “Es realmente un dolor de cabeza dirigirse a uno mismo”, dijo el astro en el London Film Festival, donde se le dio un reconocimiento a la trayectoria el último octubre. Y el obstáculo mayor fue haber tenido que completar la posproducción de un film de tamaña complejidad en medio de una pandemia. Sin embargo, las primeras proyecciones no sólo han satisfecho a todos los ejecutivos de Netflix, sino que hubo quienes dijeron que esta película significará su mayor éxito comercial. La Academia de Hollywood apreciará también, con seguridad, sus rubros técnicos, en un momento en que las películas a gran escala, como ésta, suelen escasear en estos tiempos.

El guionista Mark L. Smith adaptó la novela “Good Morning, Midnight”, de Lily Brooks-Dalton, inspirándose en el espíritu de las películas de ciencia ficción de Ridley Scott, a la vez que en las protagonizadas anteriormente por el mismo Clooney, como la remake de “Solaris” de Steven Soderbergh, y “Gravedad”, de Alfonso Cuaron (“Gravity”). Un film sereno, sin demasiado diálogo, aunque atravesado por numerosas escenas de acción. Jamás habría adivinado que el drama espacial habría de estrenarse en medio de una pandemia mundial, con millones de personas viviendo solas y aisladas, tal como ocurre en el film. Clooney, que suele repertir que tiene “casi 60” (los cumple el 6 de mayo), e dejó crecer una larga y tupida barba gris y adelgazó 12 kilos para interpretar a un científico, enfermo de cáncer, que sobrevive a solas en su laboratorio del Ártico en 2049 después de sobrevivir a una guerra nuclear. Un día aparece allí una niña de siete años (Caoilinn Springall), justo cuando él contacta a una nave espacial cuya tripulación, que sólo consiste en un matrimonio (David Oyelowo y Felicity Jones), está tratando de regresar a la Tierra tras haber perdido contacto con la explosión, que ellos ignoran. Para alcanzarlos, el científico y la niña deben atravesar a pie extensos territorios helados, y desafiar varias tormentas de nieve. De acuerto con la producción, una de esas tormentas, en la que los vientos alcanzaron una velocidad de 80 kilómetros por hora, fue real, y debió ser captada por un reducido equipo de camarógrafos con pesadas cámaras de 65 mm., y sin visibilidad en un glaciar de Islandia en el que la temperatura llegaba a los 40 grados bajo cero.

Finalmente, y más allá de todas las proezas técnicas que mostrará este film, Clooney dijo que lo realmente importante era que se ocupaba de la condición humana. “Este hombre está tratando de corregir un error en su vida. De alguna manera ser el padre que nunca pudo ser. Hay mucha tristeza en ese personaje.”

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