10 de marzo 2008 - 00:00
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Cristina de Kirchner
«La Nación».
«Clarín».
La visión del columnista del monopolio es más generosa hacia la Presidente:cree que en la crisis caribeña por el asalto de Colombia a las FARC en territorio de Ecuador mostró equilibrio y que estudió toda la documentación que había disponible, incluyendo seguir por televisión la sesión del debate en la OEA sobre ese tema, una tarea de esclavos si se tiene en cuenta el escaso interés que puede tener todo lo que se dice en ese organismo decorativo en las relaciones internacionales.
Por esa contracción al estudio, Cristina de Kirchner, según Van der Kooy, no experimentó «ningún despiste» en su intervención en el debate de Santo Domingo, que transitó por la mayor agresividad que se recuerde entre presidentes en vivo y en directo pero que terminó con abrazos de sospechosa franqueza entre Hugo Chávez, Rafael Correa y Alvaro Uribe.
En ese cúmulo de aciertos anota el columnista el tino con el cual Cristina de Kirchner, pese a tratar con dureza a Uribe, se esforzó por nunca ofender al gobierno de los Estados Unidos. Detecta como motivo de esa actitud los efectos de una discreta misión diplomática de Washington que se esmeró en Buenos Aires por decirle al gobierno argentino que no quiere que este entuerto de las FARC se ponga en medio de las relaciones con Buenos Aires.
También observa como trasfondo de esta actitud de la Presidente la percepción del gobierno de que Hugo Chávez declina en popularidad al tiempo que sus dificultades domésticas crecen, y que una profundización de la crisis regional podría frustrar el ingreso de Venezuela al Mercosur. La consecuencia más grave de esto sería el fin del sueño de un programa energético a nivel regional con la participación de Venezuela.
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».
Se detiene el profesor en el contenido de la conferencia que dictó la semana anterior el ex presidente del Brasil Fernando Henrique Cardoso en Buenos Aires (y que reseñó este diario) y trata de extraer conclusiones que sirvan para la interpretación de la política argentina. Recuerda a Cardoso como uno de los desarrolladores de la teoría del deterioro de los términos del intercambio que había planteado Raúl Prebisch, ideología que explica (según Grondona) la crisis latinoamericana.
Países como Corea y Taiwán, imagina, alcanzaron el desarrollo porque no conocieron esa teoría, como más tarde la China y la India. Un contradictor de esta hipótesis le respondería a Grondona que el desarrollo de las economías asiáticas se produjo gracias a la protección que los gobiernos de esos países hicieron de su economía, siguiendo lo recomendado -aunque jamás los hubieran leído- Prebisch y Cardoso. Agregaría ese imaginario contradictor que esos países de Asia no sólo cerraron fronteras para proteger su economía sino que tuvieron y tienen severas deudas en cuanto a democracia.
El consejo de Cardoso, sintetiza Grondona, sería olvidarse un poco del «crecimiento» y ocuparse del «desarrollo», es decir un crecimiento sostenido en el tiempo. Y da el ejemplo de España. Un contradictor le recordaría que España debe su desarrollo no sólo a la claridad ideológica de sus gobiernos -un tópico controvertido-. Debe ese crecimiento principalmente al subsidio europeo que han significado los llamados «fondos de cohesión» asignado por la Unión Europea desde hace años a los países con menos desarrollo. En 2007 esos dineros que recibirá España hasta 2013 en montos decrecientes pero que fueron en 2007 de 1.200 millones de euros; los ha recibido ese país desde su ingreso a la comunidad en 1986.
El remate de este comentario de Grondona del discurso de Cardoso es que la Argentina debería huir de la tentación chavista para seguir el modelo de países como Chile, México o Brasil, como única chance para producir su propio «milagro asiático».




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