ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

5 de abril 2007 - 00:00

Como un Lewis Carroll de mensaje ecologista

ver más
Mia Farrow y Freddie Highmore en «Arthur y los Minimoys», antes del descenso al mundo de la fantasía.
«Arthur y los Minimoys» («Arthur et les Minimoys», Francia, dobl. al esp.). Dir.: L. Besson. Int.: M. Farrow, F. Highmore, P. Balfour, D. Rand y otros.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

El francés Luc Besson es un cineasta cuyo eclecticismo le permite viajar del drama negro de «El perfecto asesino», en Manhattan, a la Francia medieval de «Juana de Arco». Ahora, esta pluralidad lo ha llevado a intentar una empresa más arriesgada aún: competirle a los Estados Unidos en el terreno de la fantasía con actores y animación simultáneos.

Pero la competencia es sólo de mercado: «Arthur y los Minimoys» está ambientada en los Estados Unidos, relata una historia fantástica típicamente norteamericana, e importa las voces (sólo en la versión original, ya que aquí la vemos doblada) de Madonna, Robert De Niro, Harvey Keitel y Chazz Palmintieri, entre otras celebridades de Hollywood.

A quienes sí vemos son a Mia Farrow, en su primer papel de abuela, y al pequeño Freddie Highmore, que es inglés pero fue la estrella de «Charlie y la fábrica de chocolate» de Tim Burton, junto a Johnny Depp. Esto es, que sin la marca de bandera en la producción, el nuevo film podría pasar cómodamente por un producto norteamericano, aunque un tanto más artesanal pese a su abundante carga de efectos visuales y sonoros. Y también artesanal por un cierto clima de cuento de hadas a la vieja usanza. «Arthur y los Minimoys» es una fábula moralizadora con sofisticados enanitos de jardín, que ayudan al héroe, un chico de diez años, a combatir contra las injusticias y a reparar desequilibrios familiares. Arthur vive solo con su abuela, mientras sus padres están ausentes y sólo se comunican con él a través del teléfono. Sobre la vieja casona rural, además, pesa una orden de embargo y demolición, y su lenta y progresiva ruina se complementa previamente con el corte de todos los servicios. El abuelo de Arthur, soñador y explorador, ha dejado pistas ocultas que pueden llevar al nieto a algún tipo de milagro, pese al escepticismo y negativas de su abuela.

Y allí en el jardín, como en la fantasía de un Lewis Carroll ecológico, Arthur descubre la puerta al «otro lado»: no a través del espejo, sino al reinado de una lógica más acorde a los tiempos. Los Minimoys, unos gnomos con sus propios problemas políticos, son un ejemplo de corrección y buenos mensajes. Siempre hay un villano, desde luego, pero el mensaje, y el amor representado por la princesa Selena, llevan las de ganar. También hay indigenismo progresista, y una escena sobre el final lo suficientemente divertida como para atenuar, para los mayores que concurran con sus hijos al cine, el peso de las moralejas.

Un film recomendable para chicos de más de seis años que aún no hayan sido ganados por la parafernalia de los Power Rangers. Después ya será muy tarde.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias