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18 de julio 2008 - 00:00

Con "Elsa", autor alemán debuta en Buenos Aires

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Jürgen Berger
Periodista, crítico de teatro y desde 2007 miembro del jurado del Festival de Teatro de Berlín, Jürgen Berger nunca imaginó que terminaría debutando como dramaturgo en la Argentina. Su encuentro con Ellen Wolf fue providencial. Berger conversó con esta alemana de 81 años (llegó a nuestro país huyendo del nazismo), luego de verla actuar, el año pasado, en «La omisión de la familia Coleman» de Claudio Tolcachir.

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Conmovido por esta excepcional historia de vida, el periodista decidió transformar los testimonios de la actriz -y los de otros miembros de su familia- en material de ficción.

«¡Eran más de 120 páginas!» -recuerda- «Tuve que recortar muchísimo material. Dejé algunas de las frases y parlamentos originales y otros los inventé; por eso insisto en que 'Elsa' es una obra de ficción.» Pese haber sufrido la pérdida de una hija durante la dictadura militar, Wolf nunca abandonó su natural coraje y optimismo. Este es uno de los rasgos que Berger intentó rescatar en su opera prima.

«Elsa» fue producida por el Goethe-Institut en colaboración con el teatro Maxim Gorki de Berlín y el Espacio Callejón ( Humahuaca 3759). La obra se exhibirá en dicha sala a partir del 19 de julio. El elenco está integrado por Gaby Ferrero, Javier Lorenzo y por la propia Wolf, quien asumirá el papel que ella misma inspiró. La dirección pertenece a Carolina Adamovsky

Dialogamos con Berger.

Periodista: ¿Definiría a «Elsa» como una obra política?

Jürgen Berger: En un sentido muy amplio podría considerarse así, ya que habla de una familia que ha sido desmembrada por una dictadura. Yo no me propuse escribir una obra política, pero como hace referencia a algo que afectó muy duramente a la sociedad argentina puede ser leída de esa manera.

P.: ¿Qué valores transmite la vida de esta mujer?

J.B.: Si algo enseña la obra es que no existen reglas en cuanto a cómo manejar un hecho tan terrible como la desaparición de una hija. Lo destacable de Elsa es la autodeterminacióncon la cual sigue llevando adelante su vida. Aunque vivió una tragedia, su única preocupación es que el resto de su familia viva lo mejor posible.

P.: Alemania es considerada una suerte de paraíso teatral debido a su abundante
oferta de espectáculos y a sus generosos subsidios. Pero ¿la gente va al teatro?


J.B.: Sí, la gente va mucho al teatro. El espectador alemán tiene una formación muy buena y mucha cultura teatral. También hay que aclarar que existe un sistema de abonos que favorece la afluencia de público.

P.: ¿Y qué pasa cuando un teatro subvencionado por el estado no capta espectadores?

J.B.: Existe un cierto sistema de control. Por ejemplo, los directores artísticos de teatros oficiales reciben un contrato de cinco años. Si en ese lapso la programación que ellos ofrecen no logró sumar publico, no se les renueva el contrato. Por eso los teatristas reaccionan en forma bastante susceptible con respecto a las críticas adversas, incluyendo las que yo escribo, ya que éstas pueden hacer que un director pierda su puesto.

P.: ¿Alguien lo amenazó por escribir una mala crítica?

J.B.: Una sola vez me pasó, fue en Heilderberg, mi ciudad. Una noche me crucé con el director de un teatro que estaba muy enojado conmigo. Era un grandote que me miró desde arriba y me dijo: «¿Qué es lo que te lleva a escribir tantas estupideces. Necesitas hacer eso para vivir?». Eso fue lo más grave que me pasó.

P.: Volviendo a Buenos Aires ¿No le sorprende que haya tanta actividad teatral con tan pocos subsidios?

J.B.: Claro que sí. Es algo grandioso y excepcional que exista toda esta fuerza y creatividaden el teatro, a pesar de los problemas económicos. De todas maneras, creo que la gente no debería quejarse tanto de las condiciones de producción porque los resultados, a pesar de todo, son excelentes. Hay otros países que están mucho peor.

P.: ¿Qué países?

J.B.:
Venezuela, Bolivia, los países de Europa del Este... Servia, por ejemplo, tiene una dramaturgia de primera calidad, una de las mejores de Europa, pero no tiene los recursos básicos para realizarla. Hace poco estuve en el Festival de Belgrado, donde la oferta teatral era muy buena pero en condiciones realmente paupérrimas, con una iluminación muy precaria.Por eso en cierta forma me enoja que algunos teatristas argentinos que han viajado a Alemania opinen que con tanto dinero deberíamos tener mejor teatro o que en la Argentina el teatro sería muy superior si se dieran más subsidios. Es importante que un país subvencione su teatro, pero no hay que confundir la creatividad con una cuestión de dinero. Mi opinión es que el hecho de hacer buen teatro no pasa necesariamente por el dinero.

P.: ¿Va llevar «Elsa» a Alemania?

J.B.: Haremos todo lo posible, porque esta obra fue concebida como un proyecto trasatlántico.

P.: Ahora que debutó como dramaturgo ¿qué siente al quedar expuesto a la opinión de los otros críticos?

J.B.: Desde luego que me atemoriza. Mis colegas alemanes ya están afilando los cuchillos...

Entrevista de Patricia Espinosa

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