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23 de septiembre 2008 - 00:00

Con Gunther Neuhold brilló la Filarmónica

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Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir.: G. Neuhold. Sol.: R. Gíntoli (violín). Obras de Terzián, Messiaen y Shostakovich. (Teatro Coliseo.)

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La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, en coproducción con la Fundación Encuentros Internacionales de Música Contemporánea, organizó un concierto dentro de su ciclo anual de abono dedicado a obras de tres personales autores de nuestro tiempo.

Con la participación del violinista Rafael Gíntoli se escuchó en primer lugar el Concierto para violín y orquesta de la argentina Alicia Terzián. Compuesta entre 1954/55, la obra es una de las más difundidas en el mundo de la compositora, una de las más activas difusoras de la música de autores argentinos en el plano internacional. Con una estructura clásica en tres movimientos, el concierto establece un profundo diálogo entre el violín y la masa instrumental. Bello y equilibrado, el lenguaje de Terzián se inscribe en un modernismo que nunca desecha ni la tradición romántica ni la búsqueda de la emoción. Gíntoli, un especialista en la obra de Terzián, tocó su parte con técnica impecable y una amplia curva expresiva, muy bien acompañado por la Filarmónica con la dirección vigorosa del maestro austríaco Gunther Neuhold.

La segunda parte se dividió entre un homenaje a Olivier Messiaen en el centenario de su nacimiento y una obra de Dmitri Shostakovich transcripta de su cuarteto para cuerdas N° 8. «Et exspecto resurretionem mortuorum», de Messiaen, consta de cinco partes y fue pensado para un ensamble de maderas, metales y percusión metálica. El grupo de instrumentistas de la Filarmónica brindó una interpretación notable de un material algo ríspido, de lenguaje hermético, como es habitual en el compositor, que esta vez intentó un mosaico sonoro basado en textos de las Sagradas Escrituras.

Por su parte, la Sinfonía de Cámara Op.110 a, de Shostakovich, en arreglo de Rudolf Barshai, tuvo una interpretación técnicamente prolija y sumamente expresiva, sobre todo en esos dos magníficos «Largos» que cierran conmovedoramente la obra. En este brillante rendimiento de las distintas secciones de la Filarmónica fue fundamental la batuta precisa, conocedora y de comunicativa potencia dramática de Gunther Neuhold, un director que establece un particular «feeling» con los músicos de la orquesta.

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