La cantante
norteamericana
repitió su
exitosa fórmula
ante dos Obras
colmados de
preadolescentes
y hasta
niños
acompañados
por sus
sorprendidos
padres.
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Apuntada fundamentalmente al público preadolescente y hasta infantil (en Obras, fueron muchísimos los niños acompañados por sus padres que miraban entusiasmados a sus hijos más que a lo que pasaba en el escenario), se la construyó desde el marketing como una chica rebelde. Bautizaron «skater punk» a su estilo y la rodearon de una banda con formato y sonido rockero. Como corresponde al público para el que está dirigida, los shows porteños tuvieron un horario vespertino apto para todos. Y como era de esperarse, todo transcurrió de acuerdo a lo previsible. Con eso, y con un repertorio que pasó por sus dos discos, le sobró para enloquecer a una multitud que pagó 60 pesos para verla y escucharla desde las localidades más baratas.
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