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3 de agosto 2006 - 00:00

Dalmaroni: "No busco el humor negro; se me impone"

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Daniel Dalmaroni: «No pienso en la sociedad argentina cuando escribo. Mis historias se desarrollan dentro una familia, pero esto tiene una larga tradición en el teatro rioplatense».
"Burkina Faso viene a ocupar el lugar que ocupaba Biafra cuando yo era chico, en los años '60 y '70", explica el dramaturgo Daniel Dalmaroni (La Plata, 1961). «Cada vez que me quejaba de algo, en casa me decían: 'Los chicos de Biafra están peor'. ¡Cómo cambió todo! Las madres de ahora ya no necesitan mencionar a Africa porque la pobreza está en la Argentina».

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Dalmaroni escribió « Burkina Faso» en clave de comedia negra, inspirado en un hecho policial que leyó en «Crónica»: «La nota decía que un matrimonio había matado a sus hijos para luego suicidarse, supuestamente por el grado de pobreza en el que vivían. Pero en mi obra los hechos toman otro rumbo. Al principio parecería que los personajes no son dueños de sus propios destinos porque los hijos se les van muriendo sin darles tiempo a intervenir. Pero en la obra los hechos se despegan de la realidad y uno siempre duda si lo que ocurrió es cierto.»

La obra se estrenará en Buenos Aires el próximo sábado, a las 23 horas, en La Tertulia (Gallo 826) con dirección de Jorge Brambati, intepretada por Gabriel Kipen y Ana Granato. Dalmaroni es también autor de «New York» (estrenada en el Payró, en 2003, con dirección de Villanueva Cosse y las actuaciones de Jorge Suárez, Juan Palomino, María José Gabin y María Figueras) y de «Cuando te mueras del todo», dirigida por Lía Jelín en el Chacarerean Teatro, en marzo de 2005.

Todos estos títulos serán editados en noviembre de este año con prólogo de Ricardo Monti como parte de una antología que incluirá seis obras, entre ellas «Una tragedia argentina», que dirigirá Alejandro Casavalle, a mediados de septiembre, en El Piccolino.

Periodista: ¿Por qué tiende a una imagen tan degradada de la Argentina? Drogas, asesinatos, hipocresía, incesto...

Daniel Dalmaroni: Yo no pienso en la sociedad argentina cuando escribo. Mis historias se desarrollan dentro una familia, pero esto tiene una larga tradición en el teatro rioplatense, desde «En familia» de Florencio Sanchez a «Mujeres soñaron caballos» de Daniel Veronese. No es nada nuevo, tampoco lo es que la crítica siempre vea en la familia una metáfora de la sociedad o de la patria. A mí esas lecturas no me seducen ni me molestan, simplemente no tienen que ver con lo que pienso al escribir mis obras.

P.:
¿Ya le han hecho ese comentario?

D.D.: Hace poco vino la traductora Jean Graham-Jones a ver un ensayo de « Burkina Faso». Ella es especialista en teatro argentino y ahora está traduciendo «New York» al inglés. Lo primero que me dijo después de ver la pasada es que, contrariamente a otras puestas de mis obras, ésta no subraya el humor de la obra sino la negrura del tema, y según ella esto potenciaba la metáfora de que la patria mata a sus hijos. Entonces yo le dije: «Pero al final pareciera que este matrimonio no tiene hijos...» Y su respuesta fue: «Bueno, la patria mata a sus hijos y después no se hace cargo ni siquiera de que los tuvo, como en Malvinas. Y fue una neoyorquina la que me dijo eso. Me pareció interesante su comentario, es una lectura posible y hasta inteligente, pero no me seduce.

P.: ¿Cómo trabaja usted?

D.D.: La temática de mis obras termina siendo de humor negro porque el mecanismo que utilizo para llevarlas a escena es el de la lógica infantil, que es muy literal y no está mediatizada por las normas sociales. Por ejemplo, hay tres personajes en escena, el primero le dice: «tengo cáncer». El segundo le pregunta: «¿qué vas a hacer? Y el tercero responde: «se va a morir». El tipo en realidad preguntó otra cosa, pero la respuesta fue cruda y literal. De eso se trata. Yo reniego de aquellos que intentan dirigir mis obras como si fueran humorísticas, cuando en realidad el humor es un elemento más.

P.: ¿Por qué eligió a Burkina Faso para hablar de la pobreza?

D.D.: A raíz de un comentario interesante que leí en Internet. Era de una argentina que trabaja para la UNESCO. Dice que allá, la riqueza es tener el granero lleno de mijo, porque en Burkina Faso se desayuna mijo, se almuerza mijo y se cena mijo, y en los días festivos se toma cerveza...de mijo. La riqueza no es tener una casa en el country, un departamento en Belgrano y tres autos. Me pareció interesante relativizar el concepto de pobreza y riqueza dentro de la obra.

P.: ¿Se puede vivir del teatro en la Argentina?

D.D.: No tengo esa fantasía, porque sé que vivir del teatro y de los derechos de autor en la Argentina es imposible. Creo que el último que hizo dinero escribiendo teatro fue Ricardo Talesnik con «La fiaca», allá lejos y hace tiempo.

Entrevista de Patricia Espinosa

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