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22 de enero 2008 - 00:00

Deslumbró el quinteto del gran Dave Holland

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Al frente de cuatro músicos a la altura de su talento, y que tuvieron sus momentos de lucimiento sin perder la cohesión de grupo, Dave Holland volvió a cautivar al público porteño.
Quinteto de Dave Holland ( contrabajo); con Ch. Potter (saxo), S. Nelson ( marimba, vibráfono), R. Eubanks (trombón) y N. Smith (batería). Grupo soporte: Escalandrum. (Teatro Coliseo; 19 de enero.)

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Dave Holland es una figura emblemática del jazz moderno, que ha compartido escenarios y grabaciones con varias de las mayores figuras del género durante la última mitad del siglo XX. Virtuoso del contrabajo; reconocido internacionalmente como uno de los mejores solistas e improvisadores y un conductor capaz de armar grupos con grandes músicos sin perder su liderazgo. Con todo ese bagaje, Holland acaba de pasar una vez más por la Argentina, un país donde siempre encuentra una larga fila de seguidores.

Inevitablemente, hay que empezar hablando de los músicos que integran su quinteto, porque no es habitual encontrarse con semejante suma de talentos; y porque sin estos músicos no sería tan sencillo llevar adelante lo que podríamos llamar «el estilo Holland». Chris Potter es un saxofonista que deslumbra a cada nota, que improvisa con originalidad y que toca con una potencia endemoniada. Robin Eubanks -también compositor y responsable de alguno de los títulos escuchados a lo largo del show- sigue sorprendiendo con su habilidad para el repentismo y con la naturalidad con que maneja un instrumento complicado como el trombón sin perder jamás concentración ni afinación. Desde el vibráfono o la marimba, Steve Nelson pone la dosis de «cordura», la calma, el cable a tierra; armoniza, improvisa, canta melodías. Y Nate Smith es, desde la batería, la base necesaria, el orden rítmico; aunque también tiene sus momentos virtuosísticos y sus cruces sorprendentes.

Con este elenco, Holland -que, obviamente, también deslumbra con su extraño contrabajo «enano»- ofrece un repertorio en el que conviven temas propios y de sus músicos. Pero, más allá de los títulos, lo más sabroso está en el largo juego libre que se proponen entre exposición y reexposición. Porque pueden ser modernos sin olvidarse de la tradición; rompen esquemas sin perder nunca la brújula y demuestran los talentos individuales sin olvidarse jamás de que son un grupo.

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