“Los cuentos de hadas muestran la mente humana de forma más clara que cualquier otro registro cultural”, dice Miguel Angel Diani, autor de “Djaevel, el mito”, que se presenta los viernes a las 22 en el Teatro del Pueblo (Lavalle 3636). Con dirección de Mariano Cossa, la obra está interpretada por Román Lamas, Pablo Finamore y Déborah Fideleff, y transcurre en un paraje perdido, donde el dueño de un circo de fenómenos encuentra a una pareja de hermanos que pretende venderle una asombrosa rareza para su show.
Dialogamos con Diani, quien también es presidente de Argentores.
Periodista: A la hora de escribir, ¿cómo apareció este universo del circo de fenómenos?
Miguel Angel Diani: Siempre me fascinó el mundo del circo y de los cuentos. Pero de los cuentos siniestros, al estilo de los que recopilaron los hermanos Grimm, famosos cuentos de la tradición oral europea. Cuentos fantásticos que tienen esa mezcla de terror y crueldad, como por ejemplo “Caperucita roja” o “Hansel y Gretel”, y que a la vez dejan enseñanzas. Carl Jung utilizó esos relatos para estudiar los arquetipos y el inconsciente colectivo. Personajes como la bruja o el héroe que aparecen en los cuentos de los Grimm reflejan nuestros propios conflictos internos. En Djaevel (El mito) aparece la figura del dueño del circo como personaje de nuestro inconsciente colectivo y como arquetipo del poder. Me pareció interesante explorar el mundo de los antiguos fenómenos del circo y preguntarme: ¿Quiénes eran los monstruos? ¿Los fenómenos que mostraban por los pueblos para sacar un provecho económico o los dueños de los circos? ¿O la perversión de la gente que les hacía pagar por verlos? A partir de allí comencé a desarrollar la idea y se transformó en un texto teatral que metaforiza este tiempo de neocrueldad que estamos viviendo.
P.: Aparece la intención de vender una rareza, un empresario circense algo oscuro y el verdadero horror, ¿puede trazarse un paralelismo con la realidad actual?
M.A.D.: Por supuesto. Hoy, en el mundo, la falta de empatía y lo siniestro están a la orden del día. El poder político y económico desataron un sálvese quien pueda y los valores se han tergiversado de tal forma que vivimos un tiempo de vale todo. El ser humano está devaluado. El tejido social se ha destruido y no tenemos en qué mirarnos para reflejarnos. La solidaridad pareciera estar demodé. Y por supuesto que Argentina no está ajena a eso. Nuestro provisorio dueño de circo disfruta del maltrato y de la crueldad. Pero ojo que todo tiene un tiempo bajo el sol y que hay otros más poderosos y más crueles, que cuando deje de convenirles su obsecuencia lo van a fagocitar.
P.: ¿Qué cambios hay entre lo que escribió e imaginó y su pasaje a la escena?
M.A.D.: Mariano Cossa supo plasmar con absoluta certeza el mundo que plantea la obra. Con sutilezas. Respetando el texto y a la vez entendiendo lo lúdico que tiene el material. Llevando de la mano, a través de ese paisaje fantasmagórico, a los tres personajes que cuentan la historia. Y por supuesto el elenco de esta obra (Déborah Fideleff, Pablo Finamore, Román Lamas) es un lujo. Construyeron sus personajes sin fisuras. Realmente me siento afortunado del equipo creativo que se formó. El vestuario de Mariela Daga, la escenografía de Ariel Vaccaro, junto a la iluminación de Ricardo Sica, todos profesionales de primera línea, hicieron que la obra crezca dramáticamente.
P.: Como presidente de Argentores, ¿qué puede decir de la situación actual de los autores?
M.A.D.: Es muy complicada. Por un lado, se ha dejado de hacer ficción en televisión y por otro lado el gobierno ha restringido al máximo el apoyo al desarrollo del audiovisual. Mientras que en muchos países el Estado entiende la importancia de una industria audiovisual, que impacta positivamente en el PBI, el nuestro desfinancia las herramientas que tiene el Estado para apoyarla, dejando al INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) prácticamente sin fomento a la actividad. Si a eso le sumamos la problemática con los productores que no le dan el valor real que tiene un guionista audiovisual en la industria y más de una vez se apropian de su obra como condición para darles trabajo, la cosa no está bien. Es verdad también que la problemática del productor que se percibe guionista no es exclusiva de la Argentina; lamentablemente sucede en todo el mundo. Venimos luchando desde Argentores con este vejamen desde hace muchos años. El tema es concientizar a nuestros guionistas de que sin texto no hay obra audiovisual y de que Argentores es el lugar para defenderlo. Con el teatro sucede lo mismo. El INT (Instituto Nacional de Teatro) tiene cada vez menos recursos, a pesar de que Buenos Aires cuenta con cerca de trescientos espacios escénicos, lo que la sitúa al nivel de ciudades como Nueva York, Londres o París. Esto sucedió gracias a la existencia del INT. Y por supuesto que esta realidad también impactó positivamente en el PBI de nuestro país. Pero ahora lo están vaciando. Poco a poco lo desmiembran. De todas maneras, desde Argentores seguimos denunciando y luchando para defender la actividad. Nunca dejaremos de hacerlo. Jorge Maestro fue uno de nuestros más fervientes defensores de nuestros derechos y desde la entidad seguimos sus pasos.