Los Angeles (Especial) - Durante la Depresión norteamericana en los años '30, Hollywood demostró ser un negocio a prueba de crisis: no sólo el público no dejó de ir al cine, sino que lo hizo más que nunca. Claro, la realidad entonces era muy distinta; hoy el sector del espectáculo no puede gozar de los mismos privilegios. Sin televisión ni internet, en los '30 el cine era el único entretenimiento audiovisual asequible a las masas empobrecidas, comprendiendo en esta franja una buena porción de la clase media.
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En estos días, cuando los Estados Unidos atraviesan, en palabras del ex titular de la Reserva Federal, Alan Greenspan, «la peor crisis financiera desde el final de la Segunda Guerra Mundial», Hollywood empieza a sentirse a bordo del Titanic: no sólo por lo que representa una recesión tradicional, sino sobre todo porque ésta se produce en épocas de cambios radicales en las costumbres de consumir entretenimiento.
En una reciente conferencia del ShoWest (mercado dedicado al rubro de la electrónica aplicada al espectáculo), un directivo de la Asociación de Productores de Cine de los EE.UU., Dan Glickman, dijo: «Hubo dos buenas noticias casi simultáneas: terminó la huelga de guionistas y se acabó la batalla por el nuevo sistema de DVD hogareño con el triunfo del Blu Ray. Ahora bien, ¿tendremos público que vaya a ver las películas? ¿El Blu Ray tendrá clientes?»
Una recesión como la actual, en épocas en las que el público se refugia en el entretenimiento casero más barato, representa una herida mortal para el desarrollo de cualquier nuevo sistema que suponga la renovación parcial o total de los equipos hogareños.
«Variety», en uno de sus últimos números, fue altamente alarmista en este punto. En un artículo sobre el formato Blu Ray de Sony, que se quedó con la totalidad del mercado de la próxima generación de DVDs de alta definición tras la retirada del HD DVD de Toshiba, señaló: «Los estudios de cine, enceguecidos por la lucha entre un formato y otro, parecerían no haber tomado en cuenta el enemigo más poderoso en este campo: la recesión. Para que se imponga el Blu-ray, los consumidores no sólo deben comprar el nuevo reproductor, sino además tener un receptor de TV de alta definición para que la imagen se justifique. Y, además, comprar o alquilar discos en formato Blu Ray que tienen un precio premium comparado con los DVDs tradicionales».
El pasaje del VHS al DVD, a fines de los '90, ocurrió en un período de florecimiento, completamente distinto de la crisis actual. Además, a ese cuadro económico debe sumarse el hecho de que los valores de una tecnológia y otra, aun considerando la inflación, dejan muy por debajo al DVD, que desde su arranque fue una forma de entretenimiento barata, y sin la competencia, en los primeros años, de las descargas de Internet. Es decir, todo lo contrario de lo que debe enfrentar el Blu Ray.
Como en toda recesión, las franjas medias son las que menos ofertas reciben como «target» de consumo, y los extremos altos y bajos son los más buscados. Muchos complejos de cines, en todo el país, congelaron el valor de su entrada desde hace tiempo (hoy, según lo que manifestó Glickman en el ShoWest, hay estados donde el cine es más barato que una entrada al bowling). Al sector más alto, en cambio, se le han abierto ofertas de lujo, lideradas en la exhibición por la cadena Village en Chicago y próximamente en otros 50 puntos del pais: complejos exclusivos, con salas cuya capacidad no excede las 40 localidades, y cuyas butacas reclinables se asemejan a asientos de primera clase en un vuelo; también hay servicio de bar y restaurant con pulsador, champagne, y desde luego la tecnología más exclusiva. Allí, el valor de la entrada es de u$s 35, sin incluir por supuesto los consumos y el estacionamiento en los parkings asignados al lugar.
El lujo, sin embargo, no podrá disimular la crisis que también se abate sobre la producción misma: la anunciada proliferación de películas en 3-D que habían anunciado recientemente varios estudios, en especial Dreamworks SKG (uno de cuyos propietarios es Steven Spielberg), deberá esperar tiempos mejores.
Por último, aunque no menos importante, es lo que señala «Variety», en el artículo antes citado, y que afecta lo artístico como tal: «esta situación crítica de la economía norteamericana impondrá a los estudios de Hollywood una menor preocupación por obtener el próximo Oscar de la Academia y una mayor concentración en el desarrollo de películas taquilleras y comedias populares.»
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