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26 de febrero 2007 - 00:00

El año del Oscar más "verde" y humanitario

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Gustavo Santaolalla anoche, al ingresar al Teatro Kodak; al cierre de esta edición, todavía se ilusionaba con su segundo Oscar, por su música para «Babel» (arriba). Una sonriente Sharon Stone en una ceremonia paralela a la de los anti- Oscar (premios Razzie), en la que «Bajos instintos 2» se llevó cuatro, una para ella como peor actriz de 2006 (abajo).
Al cierre de esta edición, el músico argentino Gustavo Santaolalla todavía acariciaba la esperanza de obtener el que sería su segundo Oscar consecutivo a la Mejor Música por la banda sonora de «Babel» (el año pasado había sido por la de «Secreto en la montaña»). «Ganar otro Oscar no lo creo, pero me quitaría la gripe», había comentado el compositor a pocas horas de volver al teatro Kodak como nominado. «La verdad es que no creo, veo gente como el francés Alexandre Desplat» (quien musicalizó «La Reina») «o Thomas Newman» (que llegó nominado por octava vez, esta vez por su trabajo para «El buen alemán»). También elogió los trabajos del español Javier Navarrete en «El Laberinto del Fauno» y Philip Glass en «Escándalo». Finalmente, se congratuló del Oscar honorífico que recibiría el eterno relegado Ennio Morricone, «un verdadero maestro» para Santaolalla.

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Antes de la premiación se realizó el acostumbrado paso por la alfombra roja de las estrellas, varias de ellas llegadas en limusinas «verdes» (vale decir, automóviles no contaminantes del medio ambiente, una de las realidades a las que parecen haber despertado de golpe en Hollywood), y muchas otras luciendo en el pecho la lágrima roja con la que Amnistía Internacional y Global Witness buscaban concientizar sobre la «sangrienta» explotación de las minas de diamante africanas).

  • La ceremonia

  • La ceremonia se inició a las 22.30, hora argentina, cuando la actriz Ellen DeGeneres abrió la 79a. edición de los premios desde el Teatro Kodak de Los Angeles. DeGeneres ocupó el lugar que tuvo el año pasado el sobrio animador televisivo Jon Stewart (quien, a su vez había reemplazado al impresentable humorista Chris Rock, maestro de ceremonias de la edición 2005). Su discurso de apertura, dicho con cierta gracia, no estuvo exento de misterios para el televidente de habla castellana (ya es clásica la deficiente traducción simultánea, ya sea de TNT, como en este caso, o cualquier otro canal que transmita la ceremonia).

    «Este era un sueño para mí desde que era niña», dijo De-Generes para empezar. «Este año es muy divertido ser la anfitriona, porque es el más internacional. Veo a Penélope Cruz, hay muchas nominaciones para México, que es algo importantísimo, para España... y creo que veo algunos norteamericanos también. Me refiero a los que están intercalados (no se preocupen, nadie llena estos asientos tan bien como los americanos)». Respecto de la estricta orden de ser breves a la hora de agradecer, explicó: «Seamos sinceros, no es que no tengamos tiempo para los discursos largos, sólo que no tenemos suficientemente paciencia para los poco interesantes (...) si no tienen uno preparado, no se preocupen por eso, porque quién sabe si van a ganar». Luego bromeó con Peter O'Toole: «Lo nominaron ocho veces ¿verdad? Pero, ya sabe lo que dicen. la tercera es la vencida». Por supuesto aludió, sin nombrarla, a su propia homosexualidad por todos conocida, y a los vientos de libertad que parecen haber retornado a los Estados Unidos, y por extensión, a Hollywood: «Hoy veo mucha diversidad aquí. Lo que está muy bien, porque si no hubiera negros ni gays, no podríamos tener entregas de Oscar... pensándolo bien, tampoco tendríamos un premio que se llamara Oscar».

    Como para dar la razón a la maestra de ceremonias en lo que respecta a la internacionalización de la más importante fiesta del cine, Nicole Kidman y el nuevo 007, Daniel Craig entregaron el primer Oscar de la noche a los españoles Pilar Revuelta y Eugenio Caballero por la Dirección de Arte de «El laberinto del fauno». Después de la canción (sólo para norteamericanos, al menos en la traducción recitada, no era muy graciosa) que dedicaron Will Ferrer, Joe Black y H.C. Reylly, a los nominados, ellos mismos le entregaron el segundo Oscar a «El laberinto del Fauno», por Mejor Maquillaje (David Martí y Montse Ribé). La niña actriz de « Pequeña Miss Sunshine», Abigail Breslin y el hijo de Will Smith, Christopher Syre Smith, entregaron a continuación el premio al Mejor Corto Animado a «El poeta danés» de Torill Kove, el de Mejor Corto a Historia de la ribera occidental de Ari Sandel.

    Tras la actuación de un singular «coro de efectos sonoros de Hollywood», que sonorizó solamente con sus voces varias escenas famosas del cine, Steve Carell y Greg Kinnear, entregaron el Oscar a la Mejor Edición de Sonido a «Cartas desde Iwo Jima» de Clint Eastwood (el equipo liderado por Alan Robert Murray). El de Mezcla de Sonido fue para «Soñadoras».

    A Rachel Weisz le tocó entregar el Oscar al mejor actor secundario a Alan Arkin por el atrabiliario abuelo que compuso para «Pequeña Miss Sunchine»; y a Cameron Díaz al mejor Film de Animación a «Happy Feet», de George Miller.

    Párrafo aparte para los anti-Oscar (premios «Razzie»), que distinguen lo peor del año. En la ceremonia, celebrada el sábado, «Bajos instintos 2» tuvo cuatro, uno para Sharon Stone como peor actriz.

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