Salvatore Caputo, director del Coro Estable del Colón, lanzó
un plan de nuevos talentos a través de puntos estratégicos
en el interior.
Unico sobreviviente de la gestión de Tito Capobianco en el teatro Colón, el músico italiano Salvatore Caputo llegó por primera vez a Buenos Aires en diciembre de 2004 para hacerse cargo de la dirección del Coro Estable en ese teatro para una serie de funciones de la «Misa de Réquiem», de Giuseppe Verdi. Su nombramiento al cargo de director artístico de ese organismo fue en febrero de 2005, donde continúa a pesar del alejamiento de todo el staff que acompañó a Capobianco en su accidentado paso por la dirección del teatro.
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En estos momentos, no sólo la labor específica de Caputo como director de la agrupación ocupa sus horas en la Argentina, sino también otras actividades paralelas, entre ellos el proyecto de fundación de un conservatorio en la localidad de Azul. Dialogamos con él:
Salvatore Caputo: Es consecuencia de la necesidad de cantantes para las temporadas del Colón.Yo no ignoro el enorme sacrificio económico que está haciendo el Colón para contratar figuras extranjeras. Todo comenzó con esto. Y mi idea fue la de involucrar más al teatro con el interior. El Colón no debe ser una iglesia en el desierto, ya que con eso a la larga se pierde público, y así también se empieza a cuestionar, como ocurrió varias veces, la necesidad de tener un teatro tan grande que no posee fuerza, que resulta tan oneroso, y que no tiene contacto con el interior del país y con la gente que lo está pagando.
P.: ¿Cómo se inició en lo práctico?
S.C.: El año pasado comencéa dictar ad honorem un curso en el Instituto Superior de Arte del Colón sobre Verdi, más específicamente sobre «Il Trovatore». Empezamos con un proyecto piloto y este año lo transformamos en un curso sobre cinco obras del compositor. Para mí resulta bastante cansador ya que hago dos horas de ensayo con el coro, luego en el medio dos horas con este curso, y más tarde sigo con el ensayo del coro hasta las once.Aunque yo estaba acostumbrado en Italia a trabajar todo el día, es decir que aquí me adapto bien a este régimen de trabajo.
P.: Este trabajo redunda naturalmente en el rendimiento profesional del cantante.
S.C.: Exacto. Esto les permite a ellos un conocimiento lo más profesional posible de la obra. Hay también profesionales que se suman a los estudiantes.Además de la ventaja de que los cursos son gratuitos, está la posibilidad de cantar junto a otros cantantes que estudian los otros papeles.
P.: Y fomenta la competencia.
S.C.: Por supuesto. Para cada papel hay tres o cuatro voces, y surge la necesidad de hacer lo mejor por uno mismo. Eso es bueno para el cantante. Cada dos meses tenemos una obra lista. Así, hablando con la gente del Instituto les propuse llevar este trabajo al interior, y más allá de esto queremos involucrar a la comunidad.
P.: ¿Y cómo llega a Azul?
S.C.: Azul ya estaba en contacto con el Instituto, por lo tanto la propuesta fue muy bienvenida. Allí está el Teatro de los Españoles, una sociedad privada que reconstruyó el ámbito con el trabajo de toda la comunidad. Tiene 500 lugares y es una joya arquitectónica. Además de la española, la comunidad de los italianos tiene un coro. Entonces les propuse hacer los fragmentos de «La Traviata», los acompañamos con un piano -porque en la comunidad no hay muchos fondos económicos para esta tarea- e involucramos al coro de Azul.Yo voy tres veces, ahora vuelvo este fin de semana para ensayar y dar algunas instrucciones básicas. Ya hay otros habitantes de Azul que quieren sumarse al coro. El 1 de julio vamos a hacer una «Traviata» con solistas de aquí, el coro de ellos y será un espectáculo «semimontado». Entonces se dieron cuenta de que detrás del teatro hay una porción de tierra, hicieron una rifa y juntaron dinero, unos 50 mil pesos, y con la recaudación de «La Traviata» que se va a agregar a lo que ya han juntado, comprarán el terreno para construir el conservatorio de música.
P.: ¿Qué otras actividades tiene previstas allí?
S.C.: Estamos preparando una gala lírica para septiembre de la que participarán Laura Rizzo, Enrique Folger y otros cantantes del Colón para incrementar las recaudaciones y finalmente poder comprar el terreno. Ninguno de nosotros va a cobrar cachet. Todos los fondos se destinarán a la creación de la escuela de música, donde los profesores del Instituto vayan una vez al mes a dar clases, de escenografía y de música. La directora del Instituto, además, quiere evitar las típicas megaestructuras en Buenos Aires, e impulsar al interior.
P.: ¿Azul fue la única localidad interesada?
S.C.: No. Esta idea se implementará en distintas localidades del interior de la provincia e inclusive del país. Ya han llegado pedidos similares de Bragado, por ejemplo, y de otros puntos del interior del país. Lo más interesante de este hecho es la idea de que el Colón no sólo va «de visita» a mostrar su arte, sino que en cada rincón del país los artistas que realmente lo merezcan se sumarán al Colón para formar parte de él.
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