Chucho Valdés brindó dos excelentes recitales
(a los que aportó poco y nada su
hermana Mayra Caridad) ante un teatro
Opera menos concurrido de lo esperable
para un músico de su valía.
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Presenta los temas, en general muy adornados con notas de paso, deja un espacio para la improvisación y el lucimiento, tanto suyos como de sus tres compañeros, y cierra con una reexposición del tema central.
En todo caso, no está en la originalidad constructiva sino en su personal, e indudablemente cubana, manera de tocar el piano, en el natural manejo de las armonías, en el dominio total de los «tumbaos» caribeños, lo que lo convierte en referente para la música instrumental de todo el continente.
Promediando el concierto, hace su aparición su hermana, la cantante
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