8 de marzo 2001 - 00:00
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Escena del film.
Paradojas de los tiempos: al revés de lo que ocurrió en casi toda la historia de Hollywood, cuando los grandes estudios con sus famosos «tycoons» empuñaban las tijeras y el director quedaba relegado al lugar del intelectual incomprendido, al de la víctima de esos «matarifes mercantilistas» que sólo querían ganar dinero, ahora ocurre todo lo contrario: son esos mismos estudios los que más ansiosos se muestran por restaurar hasta el último fotograma de muchos films de sus archivos, más allá de la voluntad que en su momento hayan tenido sus realizadores. La llegada al mercado del DVD, con su voraz demanda de suplementos, adicionales y «bonus» de todo tipo, indudablemente ha tenido su influencia. También, la duración promedio de las películas, que ahora no baja de las dos horas.
Hay tres diferencias básicas entre la nueva versión y la conocida hasta el momento; sólo los muy memoriosos o los muy adeptos al film, que los hay, advertirán el resto de los añadidos, que no son especialmente relevantes. La escena más extensa, y quizá la de reposición más justificada para explicar mejor la evolución dramática del personaje de Regan (Linda Blair), es la de la primera consulta de su madre Ellen Burstyn al médico, cuando empiezan a manifestarse los primeros síntomas de comportamiento extraño. La escena incluye un prolongado diálogo entre ambos, posterior a un contrapunto entre Regan y una enfermera que la mira con extrañeza en la antesala del consultorio.
La segunda, la más discutida, es la muy comentada escena «de la araña». Antes de que la pose-sión sea total, Regan baja rápidamente la escalera de la casa apoyada en sus cuatro extremidades, boca arriba (con un paso similar al de una araña), y termina echando sangre por la boca. Friedkin la había cortado porque decía que desentonaba con los tiempos de la posesión demoníaca. No le faltaba razón.
La última es el final: la película concluye no en el momento en que el cura amigo de Karras mira hacia la ventana tapiada de la casa abandonada, sino que se encuentra con el policía que interpreta Lee J. Cobb y mantienen un diálogo con una réplica humorística sobre cine, similar al que el detective había tenido en su momento con Karras. Sin embargo, ese diálogo no ha sido repuesto en su totalidad: en la versión original, concluía con el mismo cierre de «Casablanca». El policía le decía al cura: «Este puede ser el inicio de una bella amistad», pero Friedkin no quiso, tampoco ahora, insertarlo en su totalidad.
Otros añadidos, además del diálogo teológico referido al principio, son los siguientes:
1) La película no empieza directamente en el prólogo iraquí, sino que hay una breve imagen de la casa en Washington.
2) Hay diálogos adicionales entre Ellen Burstyn y su asistente Kitty Winn.
3) Se incluyen también diálogos breves entre Linda Blair y su madre.
4) Hay tomas adicionales del padre Karras (Jason Miller) en su departamento. En una se lo ve tomando whisky con un primer plano de la marca.
5) Cuando llega el exorcista Merrin ( Max von Sydow) a la casa, no se dirige inmediatamente al cuarto de Regan sino que acepta un cognac que le ofrece la madre, con quien cambia alguna broma sobre el alcohol y el sacerdocio.




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