Una imagen de «El custodio», el film del argentino Rodrigo Moreno, que se llevó un premio menor, el «Alfred Bauer».
Berlín - La 56° edición de la Berlinale culminó el sábado con bombos y platillos, en una versión germana de la fiesta de los Oscar. El actor Heino Ferch ofició de maestro de ceremonias, perfectamente bilingüe, alternando el anuncio de los premios con la presentación de números musicales a la Marlene Dietrich, clips de las películas ganadoras y simpáticos montajes sobre gentes y momentos de la Berlinale. La norteamericanización de la ceremonia alcanzó su punto culminante -requerimientos de la trasmisión en vivo, para que el control remoto del televidente no haga «zapping»- cuando Ferch empezó a intercambiar chistes (ensayados de antemano) con el director del festival, Dieter Kosslick.
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Los premios se anunciaron -por primera vez en la historia del festival- no en una abarrotada conferencia de prensa unas horas antes de la gala de clausura, sino directamente al público del Berlinale Palast, produciendo actos genuinos de sorpresa y lágrimas entre los ganadores. El jurado internacional, presidido por la elegante Charlotte Rampling y entre los que se contaban el actor Armin Muller Stahl y el veterano productor norteamericano Fred Roos, repartió los premios de manera imprevisible para el periodismo, para quien la comedia radiofónica de Robert Altman, «The Home Prairie Companion», con Meryl Streep, era candidata suprema.
Los Osos de oro y plata consolidaron, una vez más, el clásico perfil de la Berlinale: un foro tanto para films de corte político actual como para obras de realizadores jóvenes. De manera que -visto en perspectiva y desde esta plataforma europea- no sorprende demasiado que variantes temáticas del Islam hayan estado en el candelero.
El otro favorito de los críticos, «The Road to Guantanamo», un docudrama británico basado en el relato de ex-prisioneros islámicos en la base norteamericana del mismo nombre, se llevó el Oso de plata a la dirección para sus codirectores, Michael Winterbottom y Mat Whitecross. Los alemanes, con cuatro de los diecinueve films en la competencia, ganaron los premios a la mejor interpretación: Mortiz Bleibtreu (el rubiote de «Corre Lola corre»), por su papel de un profesor hipersexualizado en camino a la locura en «Las partículas elementales», y Sandra Huller, la protagonista esquizofrénica (o endemoniada, según la ambivalente postura del film) de «Requiem».
El argentino Rodrigo Moreno recibió el premio Alfred Bauer - en homenaje al fundador del festival- que destaca «una obra particularmente innovativa» por su opera prima «El custodio». (No sorprende que el jurado haya apreciado el rigor visual y sonoro con que este joven realizador y profesor de cine examina la perspectiva descentralizada y en cortocircuito del protagonista).
La comedia dramática dinamarquesa «En Soap» («Una telenovela»), visión intimista de un romance transexual, primer largometraje de Pernille Fischer Christensen, compartió el premio especial del jurado con «Off-side», del realizador iraní Jafar Panahi. Se trata de una comedia costumbrista, con actores no profesionales, sobre la clasificación de Irán en el próximo campeonato mundial de fútbol, desde la perspectiva de un grupo de mujeres jóvenes, detenidas en la cancha por haber tratado de ingresar vestidas de varón.
La película utiliza la pasión de multitudes y la prohibición de asistir las mujeres a los partidos de fútbol como microcosmos para examinar sin pelos en la lengua el tratamiento de las mujeres en un país de «mullahs»y las relaciones entre los sexos. Para el espectador no islámico,lo que se ve con claridades el retrato de una sociedad de fanáticos y extremistas.
Ninguno de los films anteriores del director se ha estrenado en Irán, y éste fue realizado manteniendo a las autoridades cinematográficas iraníes al margen del rodaje. Una imagen ponderosa sintetiza la película: derrotada emocionalmente, una de las muchachas se pone contra la pared y desaparece tras su velo negro.
Anunciado al final de la velada, el Oso de oro al mejor film recayó en el drama intimista bosnio «Grbavica», de Jasmila Zbanic, cuyo título alude a un suburbio de Sarajevo. Contada sin desbordes emotivos, la película se centra en una madre soltera bosnia musulmana cuya hija adolescente quiere saber quién es y qué ha pasado con su padre hoy inexistente durante la guerra civil que desmembró la ex-Yugoslavia.
Entre el público asistente a la gala de clausura se pudo ver al siempre exuberante Roberto Benigni, a Wim Wenders, habitué de la Berlinale, que vive a caballo entre Berlín y Los Angeles, y a Franka Potente, la actriz alemana que está dando sus primeros pasos como realizadora.
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