Su última visita, hace poco más de un año, lo encontró en una "Bombonera" colmada. En su gira anterior, con Joan Manuel Serrat, sucedió lo mismo. Pero hace rato que él insistía con su deseo de cantar en lugares más chicos.
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Así fue como a las 21:10, en un Luna Park repleto, Joaquín Sabina inició su serie de conciertos en Buenos Aires. "Esta noche contigo" fue la canción que inauguró una velada de casi tres horas y 28 temas.
Tal como había anticipado, el show se diferenció de aquella presentación de "Vinagre y rosas" en Boca. Esta vez, de su último trabajo sólo estuvo presente "Tiramisú de limón", que desató el fervor del público porteño, con quien mantiene un romance que ya parece inquebrantable.
Entonces, clásicos y otros no tanto, de esos que no solían aparecer en los recitales del español, se dieron cita en el escenario de la "cuna del boxeo". Entre ellos, se destacaron "Contigo", "Virgen de la amargura", "Aves de paso", "Peor para el sol", "Dieguitos y Mafaldas" y "Por el boulevard de los sueños rotos".
"La cosa está muy mal", decía la inscripción de su remera. Sin embargo, su actuación mostraba lo contrario. Y el mismo Sabina lo confirmaba: "No estoy seguro que ustedes se imaginen la emoción que es estar aquí. Uno no ha tenido nunca sueños de gloria, pero si los hubiera tenido, serían así".
Durante el show, Joaquín se puso a tono con la conmemoración del 35° aniversario del último Golpe de Estado en Argentina y repudió la dictadura que le siguió. También se mostró en contra de Gadafi y de la intervención de la coalición en Libia. Acto seguido, el madrileño entonó "Con la frente marchita".
A modo de homenaje y ante espectadores de las más variadas edades pero que celebraron cada movimiento del cantautor, sonaron los nombres del "Nano" Serrat, el "Polaco" Goyeneche, Atahualpa Yupanqui, Carlos Gardel y Chavela Vargas.
"Yo había decidido retirarme a los 40, hace ya 22 años, pero entonces conocí la Argentina", dijo el autor de "Dieguitos y Mafaldas". Y si bien la despedida definitiva no está en sus planes, según adelantó al llegar al país, la de la noche estaba por comenzar.
Una seguidilla de eufóricas canciones desataba el frenesí de los fanáticos y el final podía adivinarse. "Princesa", "Pastillas para no soñar" y "La del pirata cojo" hicieron que ya nadie permanezca en los asientos. Y de yapa, un fragmento a capela de "La canción de los buenos borrachos". Así partió este "Penúltimo tren", cuyo destino cúlmine se desconoce pero que en su camino pasa siempre por lo más profundo del corazón de los argentinos.
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