Entretiene film de "terror teológico"

Espectáculos

«Constantine» (EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: F. Lawrence. Int.: K. Reeves, R. Weisz, S. LeBeouf, D. Hounsou, M. Baker.

Si películas como «El Exorcista» podrían clasificarse como parte del «terror católico», films fantásticos mas fuertes que los demás por basarse fielmente en los detalles más incómodos y olvidados del dogma religioso apostólico romano -cuyos antecedentes son tan serios como el «Dracula» de Bram Stoker-, ahora «Constantine» nos trae algo más sofisticado, que podríamos llamar «terror teológico».

Gentileza del «Hellblazer» de DC Comics, este antihéroe con algo de detective y mucho de exorcista es el centro de una historia delirante que sin embargo logra volverse seria y realmente oscura cuando menos se lo espera. El protagonista tiene como trabajo principal devolver al infierno a aquellos demonios tan atrevidos como para pasearse por la tierra sin tener en cuenta el pacto entre Cielo e Infierno para que los hombres caigan o se eleven a uno u otro lugar por sí mismos, no por la influencia directa de los agentes del Bien o del Mal que inevitablemente pululan por todos lados. Muchas veces rompiendo peligrosamente ese equilibrio que los dos tipos de criaturas aladas deben respetar.

John Constantine
nació con el don de verlos, poder tan incomprendido por la sociedad que lo llevó a un intento de suicidio adolescente. Los dos minutos que pasó en el infierno antes de ser revivido por los médicos le bastaron para intentar una vida de redención. Pero luego de devolver al averno a docenas de pobres diablos, y con los días contados por su severo abuso del tabaco, este exorcista de probada eficacia, no tiene mucha fe, más bien todo lo contrario. Su experiencia le hace ver a nuestro mundo como una mesa de apuestas sin mas sentido que el de entretener a los dos poderes que cuentan las almas salvadas o condenadas como si fueran fichas que iran a parar a una u otra pila.

La insistente aparición de demonios de todo tipo en la ciudad de Los Angeles provoca en
Constantine la sospecha de que algo importante está por suceder, lo que se confirma por detalles como el suicidio de la hermana melliza de una mujer policía ultracatólica, la aparición de una reliquia bíblica y las muertes demoníacas de todos sus colaboradores.

En su ópera prima, el experto en superproducciones del videclip
Francis Lawrence demuestra buen pulso para generar climas tensos sin perder el sentido del humor ni caer en las sobredosis digitales y esteticismos publicitarios esperables por sus antecedentes. El guión no está tan bien desarrollado como para aprovechar por completo tantos elementos atractivos como las visiones del Cielo y el Infierno, las visitas al club Midnite -terreno neutral para ángeles y demonios en la tierra- o las contradicciones que tiene todo ser, por más malvado o celestial que sea.

En todo caso, como aventura fantástica con un
Keanu Reeves en piloto automático, la película está muy bien, con la cualidad adicional de que no sólo fascinará a los fans del género y del comic original, sino también al público masivo que no siempre se deja seducir por este tipo de conflictos capaces de hacerles recordar sus tiempós de catequesis.

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