El momento en que
«Escena callejera de
Berlín» se vendía al
empresario Ronald
Lauder en 38 millones
de dólares, hasta el
momento el mayor
precio alcanzado por
Ernst Ludwig Kirchner.
Nacido en Alemania en 1880, Ernst Ludwig Kirchner fue impulsado al dibujo por su padre desde niño. Siguiendo sus deseos, a los 21 años viaja a Dresde para estudiar arquitectura, pero al poco tiempo se muda a Munich para estudiar pintura con maestros que seguían la corriente Jugendstil (art nouveau alemán).
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De vuelta en Dresde, en 1905 funda Die Brucke (El Puente) junto con Erich Heckel, Karl Schmidt-Rottluff, incorporándose luego Max Pechstein, Emil Nolde y el suizo Cuno Amiet entre otros. En un primer momento, la autoría de las obras era difícil de precisar ante la similitud de la propuesta inspirada en el arte africano, en Van Gogh y, sin duda, en el fauvismo que hace que se incorpore al grupo el holandés Kees Van Dongen.
Las primeras exposiciones son en Dresde, pero con la radicación del grupo en Berlín, comienzan a tener mayor presencia en el mundo artístico alemán, aunque fundan allí una escuela de arte que al poco tiempo debe cerrar por falta de alumnos.
Kirchner es el causante de que se disuelva el grupo; el ya existente El jinete azul, que integraban entre otros Kandinsky y Franz Marc continúa con la tarea de difundir las ideas expresionistas.
En la primera guerra mundial, Kirchner se incorpora al ejército durante un año; luego pasa cerca de tres años internado con problemas mentales. A lo largo de su carrera, en varias oportunidades, se drogaba con morfina para realizar sus trabajos. En 1918 se realiza la primera gran retrospectiva de sus obras en Zurich y el artista se radica en Davos. Ya no son las vistas de Berlín y los desnudos la temática abordada sino los calmos paisajes helvéticos.
Necesitado de reconocimiento comienza a escribir sobre su obra con el seudónimo de Louis de Marsalle. Esta estrategia de «autobombo» no tiene mayor difusión. Fue también un gran grabador, en especial en xilografía (grabado en madera).
En la última década, su obra se ha revalorizado en 56 por ciento. Cerca de un centenar de sus obras se venden en subastas, donde el último año movilizó 57 millones de dólares.
Cincuenta por ciento de las ventas son grabados; 45 por ciento dibujos y acuarelas y solamente 5 por ciento son pinturas al óleo que son muy escasas. Los mercados más firmes son Suiza, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos.
En noviembre del año pasado, una de sus obras llegó a la inédita suma de 38 millones de dólares. Fue subastada en Christie's de Nueva York y comprada por Ronald Lauder que tiene un lindísmo museo en la Quinta Avenida dónde está lo mejor del arte alemán y austríaco de Estados Unidos. La obra era propiedad de la presidenta del partido comunista de Inglaterra Anita Halpin, quien la había recibido hacía tan solo cien días del gobierno alemán, ya que pudo acreeditar que le había sido confiscada a su abuelo por los nazis.
Estas demandas son apoyadas por las grandes casas de remate, que necesitan obras importantes ante un mercado demandante. Esta «Escena Callejera de Berlín», realizada en 1913, estuvo muchos años en el museo Brücke de Berlín (donde fue la obra emblemática de una gran retrospectiva en 2003) cuyos responsables se resistieron a que se la quitaran.
En dicha subasta, Christie's vendió cerca de 500 millones de dólares, de los cuales 192 millones fueron por cuatro obras de Klimt recuperadas y, como dijimos, 38 millones fueron pagados por este Kirchner que duplicó su base. Hace tres meses se vendió otra obra en casi 13 millones, pero esa suma era la base estimada.
Con la llegada del nazismo en 1928, Kirchner fue perseguido, 639 obras suyas fueron confiscadas bajo la excusa de «arte degenerado» y varias de ellas terminaron siendo quemadas. En 1937, formó parte de la muestra «Arte Degenerado», organizada en Munich, con 32 obras. Al año siguiente se suicidó en su refugio suizo. Hoy el expresionismo alemán es admirado por todos y, para muchos, eso se debe a Kirchner.
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