Aunque la institución del matrimonio pueda no estar atravesando por su mejor momento, no suena demasiado verosímil que un hombre, en su noche de casamiento, se duerma en el lecho antes de tocar siquiera a su flamante esposa. Mucho menos todavía que la mujer, comprensiva, se escurra de la habitación y se encuentre, en una playa cercana, mientras se apagan los últimos festejos de la boda, con un rubicundo Adonis en musculosa que se encarga de la tarea conyugal. A esa altura de la película, se puede llegar a conjeturar si toda esa escena no será, en realidad, un sueño del durmiente, tal vez su deseo no tan oculto de ser él quien se cruce con ese Adonis. El problema está en que Un episodio antes (o sea, uno después en el tiempo), cuando el matrimonio recibe en su casa a la pareja homosexual compuesta por el hermano del marido y un simpático mozuelo mediterráneo, debaten sobre la libertad que hay entre los gays y la fidelidad forzada entre los matrimonios
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